Vivir rápido y morir joven

La premisa bajo la cual vivimos en esta juventud es hacer y deshacer antes de que el tiempo se agote, divertirse y ganar antes de ver el juego terminado. Probar de todo y vivir rápido para morir joven.

Nada se anhela tanto como el poder que la libertad te brinda, hacer todo lo que se quiere, decir todo lo que se piensa y sentir todo lo que se pueda, sin que nadie juzgue, tache o señale.

Ser joven, sin duda, es un camino complicado hacia la búsqueda de uno mismo, hacia descubrir que somos y para qué queremos vivir en primera instancia, de crearnos un concepto de nosotros mismos. Así que, cuando somos jovenes, la opinión de los demás pesa mucho, prácticamente determina un gran porcentaje de lo que somos.

Pero siempre he notado esa manera de generalizar un concepto negativo de los jóvenes: Que somos irreverentes, rebeldes, descarrilados, inconscientes, irrespetuosos, ignorantes, perezosos, inmaduros y complicados; que perdemos el tiempo, que no sabemos lo que queremos ni a dónde vamos.

Tantas cosas he escuchado de la juventud que por poco y yo también me lo creo. Pero, insisto, todo esto es generalizar, es hablar mal de quienes pueden estar haciendo las cosas bien o al menos lo intentan y se esfuerzan cada día.

Como los casos de tantos jóvenes de todas partes del mundo que son científicos, astronautas, inventores, activistas sociales, bailarines profesionales, campeones a nivel mundial, conferencistas, escritores y artistas.  Jóvenes que están destacando porque encontraron algo que hacer con su vida.  Se preguntarán... ¿Qué pasa con quienes no van por un buen camino?

Somos trenes que constantemente hay que meter a las vías, no con críticas duras ni con reproches, sino con paciencia, buenos ejemplos e impulso. La presión social está a tope y no en todos hay buenos cimientos; llevando a muchos a una vida sin medidas y sin más propósito que su propia diversión como excusa para olvidarse de un todo.

Es verdad que ser jóvenes en estos tiempos y los que sean, se vislumbra complicado, pero no hay excusa que valga desaprovechar nuestra juventud.

Si eres joven y no has encontrado tu pasión, tu sueño, el don que vive dentro de ti, hay que ir en busca de uno mismo, especialmente de nuestras habilidades y descubrir qué es lo que nos apasiona, lo que nos llena de emoción y satisfacción al realizarlo, lo que aporta algo a la sociedad. Una vez que encuentras lo que te gusta y que sabes lo que quieres, es como encontrar el camino por el cuál debes transitar.

Así sea en el deporte, en la ciencia, la tecnología, lo social o lo artístico, todos nacimos para algo, solo hay que bajarle el volumen a tantas opiniones y críticas generalizadas que solo son ruido en nuestra cabeza impidiendo que escuchemos nuestra propia voz.

Debemos poner en silencio todo lo que solo puede distraernos.

Cerrar por completo la pestaña que despliega un sinfín de apariencias que solo nos desvían de nuestra autenticidad; saltear cada obstáculo en el camino que nos complique llegar a la meta y dar nuestro mejor intento, jugar nuestro mejor papel en esta vida, para lograr ser el ganador, y no el jugador cuya vida duró tan poco que no pudo anotar ningún punto significativo para su partida.

No vivas a prisa, con excesos e inconsciencia como si quisieras que tu vida acabe mañana, vive como alguien que no se irá de este mundo sin antes cumplir sus sueños, lograr sus metas y conseguir la libertad y felicidad que tanto promete nuestra llamada "Juventud".

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