¿Por qué no retarse?

A veces, no llegamos a conocer todas las funciones de un dispositivo, cuando decidimos que necesitamos otro distinto, así que lo botamos. Sucede en todo, incluso pasa lo mismo con las personas, que ya no dedican tiempo a conocer a alguien a profundidad y mucho menos a conocerse a sí mismos.

Porque antes de conocer nuestro verdadero potencial, ya abortamos la misión y nos rendimos ante nuestros objetivos, metiéndonos en la cabeza que no somos buenos para algo que sólo intentamos una vez. Es este un error común, de quienes le temen al cambio y de quienes prefieren estancarse que retarse a sí mismos.

Por poner un ejemplo, puedo mencionar que un niño ya viene con la capacidad de sentir el poder que lleva dentro e intentar realizar actividades tan distintas y variadas, replicar un dibujo, bailar siguiendo unos pasos, treparse al techo, intentar saltar cada vez más alto o correr cada vez más rápido.

Pero parece ser que al crecer nos llenamos de complejos, lo cual es curioso porque ya no le tememos al coco ni al viejo del costal, pero sí nos invade el miedo al fracaso, a hacer el ridículo y al que dirán. Limitando nuestro propio mundo a una esfera tan pequeñita en la que apenas caben nuestra monotonía y miedos, dejando poco lugar para los sueños altos y los objetivos desafiantes. Pero, en el fondo, todos queremos ese sueño dorado, la sensación de superación, el olor a éxito y el sabor de los sueños alcanzados, entonces ¿por qué no esforzarse?

¿Por qué no retarse? A caminar descalzos, a reírse de sí mismo y a cambiar: de apariencia, de ideas, de formas de proceder, de hábitos y de rutinas.

En lugar de dar las cosas por sentado, para decir: "Así soy y no puedo cambiar", "No sirvo para eso" o ese "No puedo", que tantas bellas realidades desmorona antes de que sucedan. ¿Por qué no probar nuestra propia voluntad?

De levantarnos antes que los demás para trabajar por nuestros sueños, de evitar las distracciones y enfocarnos, de cultivarnos en lugar solo pasar el rato, de cuidar de uno mismo y rodearnos de lo que hace bien.

Como seres humanos, no somos estáticos, por naturaleza traemos cierta fuerza y energía que se debe canalizar hacia algo; precisamente el ponernos retos nos encamina hacia una dirección, incluso si no logramos cumplirlos, hacen algo por nosotros: nos mantienen en marcha, más activos y más vivos.

Nos permiten conocer nuestros verdaderos límites, al igual que todo el potencial, habilidades y fortalezas que llevamos dentro. Asumir retos es, quizás, la única manera en que se da la superación, en que decides dar todo de ti para ser una mejor versión de ti.

Así que... ¿por qué no empezar a retarse a uno mismo?

Llego la hora de reinventarnos.

FB: Aracely Ceballos (Chely)

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