07/09/2026 10:32:00 a. m.
Lo que hoy conocemos como Grupo Bimbo, un gigante que vende pan en América, Europa, Asia y África, comenzó en realidad con una simple queja de calidad y una pregunta atrevida: "¿Por qué no hacemos pan de caja?".
La historia de esta multinacional es el reflejo de cómo una pequeña empresa familiar mexicana logró destronar al líder de su época haciendo exactamente todo lo contrario a él.
Para entender a Bimbo hay que viajar a 1928, año en que Don Juan Servitje fundó una pastelería llamada El Molino en la Ciudad de México. El negocio era pequeño: la mitad del local se usaba para vender y la otra mitad para producir dulces y postres.
Cuando Don Juan falleció, su hijo Lorenzo Servitje tomó las riendas y comenzó a crecer el negocio familiar, usando los pisos superiores del edificio para almacenar mercancía y aumentar la producción.
Aunque en El Molino hacían casi todo su pan, había un producto que no fabricaban: el pan de caja (el pan de molde para sándwiches). Este se lo compraban a Pan Ideal, que era la panadería más grande y poderosa de la capital en esos años.
El negocio iba bien, pero había un gran problema con el proveedor. El pan de caja de Pan Ideal constantemente llegaba viejo, con agujeros y, en el peor de los casos, contaminado con hongos.
Cansado de esta situación, Jaime Sendra, quien era el jefe de producción de la pastelería, lanzó la idea clave: "Oye, ¿y si lo fabricamos nosotros aquí?". Poco después, la idea maduró y propuso algo más grande: crear una empresa dedicada exclusivamente a eso.
Lorenzo Servitje aceptó el reto y armó un equipo sólido con los empresarios Jaime Jorba, José Trinidad Mata y su propio hermano menor, Roberto Servitje, quien entró a trabajar a los 17 años y terminó convirtiéndose en el "primer empleado" y futuro director de la compañía.
Para asegurar la calidad del producto, contrataron como jefe de producción a Alfonso Velasco, quien curiosamente era hijo del dueño de Pan Ideal, la competencia.
Con el equipo listo, consiguieron un terreno de 10,000 metros en la colonia Santa María Insurgentes gracias al apoyo del padre de uno de los socios, quien se los vendió a crédito (fiado).
Roberto Servitje recordó años después que el éxito de Bimbo se basó en una estrategia sencilla: analizar los errores de Pan Ideal y hacer todo al revés.
Mientras la competencia tenía camiones sucios, entregaba pan viejo y lo envolvía en papel encerado defectuoso, Bimbo apostó por la frescura absoluta, retirando el producto que no se vendía y manteniendo una limpieza impecable.
El éxito fue inmediato: el primer día de operaciones salieron 10 rutas de reparto, y para el segundo día la demanda los obligó a comprar otro camión para abrir la ruta número 11.
El nombre no fue fácil de elegir. Al principio querían llamarle "Super pan", pero las autoridades no los dejaron registrarlo por ser un nombre demasiado común. Tras revisar listas de opciones como Rex, Imperial o Bambino, ganaron las siglas Bimbo, una combinación del juego de azar Bingo y la película de Disney Bambi.
El famoso Osito Bimbo apareció casi por casualidad. Jaime Jorba recibió una tarjeta de Navidad con la ilustración de un oso.
Al verla, Ana Mata (esposa de Jaime Sendra) la dibujó de nuevo y le agregó el toque hogareño: el gorro de panadero, el delantal y el pan bajo el brazo. Finalmente, Alfonso Velasco le arregló la nariz para darle la apariencia tierna que todos conocen.
Con el paso de los años, la empresa inició su expansión. En 1949 abrieron su primera agencia fuera de la capital, en Puebla; en los años 50 introdujeron las donas y los pastelitos, dando vida a la marca Marinela. Para 1979, cuando Roberto Servitje asumió la Dirección General, Bimbo ya operaba 12 grandes fábricas.
Hoy, esa pequeña iniciativa para competir contra un mal proveedor es dueña de marcas icónicas como Tía Rosa, El Globo y Dulces