¿Cuál es el panteón más escalofriante de Sinaloa, según la Inteligencia Artificial?

Sinaloa | 10/23/2025 10:03:00 a. m. | Adriana Ochoa

El Panteón San Juan Nepomuceno, guarda casi dos siglos de historia, abandono y leyendas que todavía hacen temblar a quienes se atreven a caminar entre sus tumbas

En Culiacán, el silencio tiene ecos. Al poniente del centro histórico, donde el bullicio se apaga y el aire se vuelve espeso, se levanta el Panteón San Juan Nepomuceno, un cementerio que no solo guarda los restos de los fundadores de la ciudad, sino también las historias más perturbadoras de Sinaloa.

San Juan Nepomuceno, el más antiguo:

Fundado oficialmente en 1844, este camposanto es el más antiguo y documentado de la capital sinaloense. Allí descansan al menos en teoría gobernadores, militares, médicos y familias ilustres que marcaron el rumbo político y económico del siglo XIX. Pero el paso del tiempo y el olvido han cubierto sus mausoleos con maleza, grietas y murmullos.

Entre sus pasillos, las cruces oxidadas y las criptas derrumbadas parecen narrar por sí mismas una historia de decadencia.

Lo que alguna vez fue conocido como “el panteón de los ricos hoy es un espacio donde conviven la memoria y el miedo, donde los vivos caminan con cautela y los muertos, dicen, a veces se levantan.

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FOTO: José Jesús Gastélum Ramos.

La novia que camina hacia la Catedral

De todas las leyendas que envuelven al San Juan Nepomuceno, ninguna ha tenido tanto eco como la de “La Novia de Culiacán”, una aparición que ha helado la sangre de más de un velador.

Según los relatos más antiguos, una joven llamada Lupita murió en vísperas de su boda hace más de medio siglo. Dicen que, cada tanto, su espíritu se levanta de la tumba con el vestido blanco y las flores marchitas en las manos.

Se le ha visto, aseguran los vecinos, saliendo del panteón en dirección a la Catedral, como si todavía buscara a su prometido o a un altar que nunca alcanzó.

Hay quienes aseguran que se escucha el crujir de sus pasos sobre la grava, que el aire se enfría cuando aparece su silueta y que los perros del barrio ladran sin parar cuando la luna se posa sobre las rejas del cementerio.

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FOTO: Héctor Javier García Laija.

La niña guardiana que nadie olvida

En otro rincón, donde las tumbas se apilan y los nombres se han borrado, surge otra historia: la de Ana, una niña que, según cuentan, “vigila” las criptas olvidadas.

Algunos visitantes juran haber visto su figura sentada sobre una lápida, vestida con un viejo vestido azul y sosteniendo una muñeca sin rostro. Quienes la miran directamente a los ojos, dicen, sienten que algo cambia dentro de ellos, como si la niña dejara una marca invisible.

Veladores han confesado escuchar risas infantiles o el sonido de un pequeño juguete rodando entre las hojas secas. Nadie se atreve a seguir ese ruido por mucho tiempo.

Entre saqueos, sombras y tumbas sin nombre

El San Juan Nepomuceno también carga con historias más terrenales pero igual de inquietantes. El abandono ha dejado criptas abiertas, tumbas saqueadas y restos sin identificación, y con ellas surgieron las historias de los llamados ladrones de huesos, personas que entraban de noche en busca de objetos antiguos… o algo más.

Hay zonas donde las placas se han borrado y solo quedan fragmentos de mármol. Los exploradores urbanos que se han aventurado de madrugada aseguran haber visto sombras moverse entre los mausoleos, aunque las cámaras nunca logran captarlas del todo.

El deterioro, las luces intermitentes y el eco de los pasos hacen que la línea entre realidad y leyenda sea difusa.

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Otras tierras donde los muertos murmuran

Aunque el San Juan Nepomuceno es, según la inteligencia artificial y la memoria colectiva, el panteón más escalofriante de Sinaloa, no es el único que guarda secretos.

En Mazatlán, el Panteón Ángela Peralta erigido en el siglo XIX conserva mausoleos con arquitectura majestuosa y relatos de apariciones que se mezclan con el sonido del mar.

En Bacurimí, al sur de Culiacán, los vecinos hablan de luces extrañas y figuras que aparecen en la zona conmemorativa. Y en el Panteón La Lima, exploradores locales documentan ritos y sombras que con el tiempo se convirtieron en leyenda urbana.

Donde la historia se confunde con el miedo

Pero son las criptas sin nombre, los pasillos donde la luz no entra, las grietas cubiertas de musgo y los nombres borrados por el tiempo los que alimentan el miedo más profundo.

Cada Día de Muertos, cuando las familias colocan flores y veladoras, hay quienes dicen escuchar susurros entre las lápidas, o pasos que no son los suyos. Los más viejos aseguran que quien entra al San Juan Nepomuceno después de la medianoche, no sale siendo el mismo.


Y tal vez sea cierto. Porque en ese panteón, entre el polvo, la historia y el silencio, hay algo que sigue despierto.

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