Turismo de enfermedad

En un país como México, ¿Qué es mejor? ¿Qué encarcelen a personajes como Rosario Robles o que haya vacunas contra el sarampión, parotiditis, tos ferina o difteria?

Hace una semana, la Asociación Mexicana de Vacunología emitió un comunicado a la comunidad médica y público en general, donde plantea concretamente dos cosas: falta de vacunas en México y casos de enfermedades prevenibles por vacunación.

Así como llegó a México la epidemia de influenza A (H1N1) en 2009, así puede llegar otra epidemia que ponga en entredicho las políticas de salud pública y cobre las vidas de muchos niños y adultos.

Primero, el desabasto de medicamento en los hospitales públicos, después la reducción operativa para proveer de medicamentos a los enfermos de SIDA e infectados con VIH y, ahora, el desabasto de vacunas con la promesa que a más tardar en diciembre llegarán a México.

Mientras tanto, no hay que alarmar a la población, no hay que socializar las carencias propias de un servicio médico deteriorado por todos lados.

Así como se promueven recorridos turísticos o se construyen corredores de diversión y entretenimiento, se pueden organizar recorridos por las distintas instituciones de salud pública como el IMSS, el ISSSTE, la Secretaría de Salud, y toda la infraestructura hospitalaria en México; para observar tanto las carencias de material, equipo y personal operativo, como el sufrimiento de miles de enfermos que tienen dos condiciones: la urgencia médica y la pobreza.

Si no fuese urgente e incapacitante, las personas no permanecerían días incluso semanas en una camilla, silla o literalmente en el piso, conectados a un suero y conectados a la esperanza de que por fin llegue el especialista, o le hagan los exámenes de laboratorio y gabinete que se requieren para establecer su diagnóstico definitivo.

Los enfermos en las instituciones de salud pública aguantan esto y más no por su valentía, sino por su pobreza; enfermedad y pobreza son la peor combinación que puede acompañar a cualquier humano. Los turistas de la enfermedad buscan saciar su sed de salud en una fuente con poca agua, ojalá no se haga lodo.