¿Qué sigue?

No sólo la clase política está crispada, también la sociedad está percibiendo una brecha cada vez más profunda en la conducción del destino político en México.

En las presidencias municipales, las gubernaturas, las diputaciones locales, diputaciones federales y senadurías de Morena están resistiendo y pagando el precio.

En algunos casos se paga el precio de la improvisación y, en otros, de la realidad social que está contrastando las expectativas legitimas por las que se votó el 1 de julio del año pasado, con la realidad social que se vive.

Son dos cosas diferentes la perspectiva y la realidad. Mientras la perspectiva está salpicada de afecto, la realidad está soportada por números y estadísticas.

La perspectiva del que ostenta el poder tiene un grado de astigmatismo inherente a la buena intención o nuevos paradigmas. La perspectiva del que es oposición tiene un grado de miopía construido en la frustración de no ser el que fue, o no poder dirigir como antes parte del destino político de México.

Y la perspectiva de los gobernados, tiene una visión a veces borrosa y a veces muy clara, dependiendo de la inclinación de la balanza de su bienestar.

Las mujeres exigen respeto a todo, principalmente a la vida y a la integridad física y emocional; el movimiento LGBT, cada vez más expresa su inconformidad con el trato sociopolítico y sociofamiliar, busca una sola cosa: el respeto a la diferencia.

Los cazadores de noticias, buscan exhibir las acciones o conductas impropias o delictivas de los servidores públicos, le ponen "macro" a la ruta de la conducta delictiva, y contrastan el presente con el pasado político de la nación.

Los partidos acotados hacen gala de su ingenio para sobrevivir; el partido en el poder retoma viejas rencillas y procura no hacer uso excesivo de la fuerza política, las comisiones en ambas cámaras son más "peleadas" que las inscripciones en las facultades de medicina de la universidades públicas.

Los vasos comunicantes entre los tres órdenes de gobierno se saturan de información, y la división de poderes ven al frente pero se agarran de la mano. Las discusiones políticas ahora son más tensas que las discusiones religiosas, ¿qué sigue?