No bajarán homicidios en el corto plazo

Está demostrado a nivel mundial que ninguna estrategia de seguridad puede reducir en un corto plazo la tasa de homicidios, y mucho menos si un alto porcentaje es producto de enfrentamientos entre grupos del crimen organizado, como ocurre en varios estados del país, entre los que se encuentra Sinaloa, actualmente ubicado entre los cinco más violentos.

Si partimos de la hipótesis, ya demostrada en los hechos, que ha sido un fracaso la decisión de lanzar a las fuerzas armadas a las calles para erradicar a los narcos, pensando que con ello se pacificará al país, ¿por qué se mantiene la misma estrategia?

La guerra contra el narco, que inició el gobierno de Felipe Calderón en 2006 y ha continuado, aunque con menos intensidad, en la administración de Enrique Peña Nieto, sólo ha logrado aumentar el derramamiento de sangre en los estados, multiplicando la cifra de muertos. 

Desde entonces no ha mejorado el panorama de violencia en el país. Los enfrentamientos entre los cárteles que se disputan los territorios donde se siembra y comercializa la droga siguen produciendo más crímenes, pero también ha aumentado la cifra de víctimas inocentes.

Se sabe y está documentado que en el gobierno de Felipe Calderón se dio un incremento nunca antes visto en la incidencia criminal, pero lo peor es que el actual estaría ya rebasando esos límites, si se considera el gran número de personas que están en calidad de desaparecidas, a las que en su mayoría los propios familiares dan por muertas.

De acuerdo con información oficial del INEGI, Sinaloa registra una tasa de 36 homicidios por cada 100 mil habitantes y ocupa el tercer lugar en este renglón, después de Guerrero, con 67; y Chihuahua, con 42.

No es casual que los tres estados más violentos coinciden con la ubicación geográfica donde están asentadas al menos cinco de las nueve organizaciones criminales y alrededor de 30 de las más de 40 células delictivas que operan en el país, de acuerdo a investigaciones divulgadas por la PGR.

Expertos en narcotráfico explican que el problema se ha complicado en los últimos meses porque se han modificado las áreas donde históricamente estaba el control y la operación de las organizaciones criminales.

Con la caída de El Chapo Guzmán y otros importantes operadores financieros del narco se han roto viejas estructuras, pero también se rompieron los acuerdos de no agresión, que ciertamente mantenían una relativa paz en sus respectivas plazas.

Varios grupos criminales, que antes eran aliados, hoy se están peleando a muerte en un intento de ampliar su poder conquistando territorios enemigos. El gobierno sabe muy bien que esta guerra podría durar varios años.    

Por ello, a pesar de los miles de millones de pesos que se gastan en los diversos rubros de Seguridad Pública, como el combate al crimen organizado, lo que tenemos como resultado es más muertos, más delincuentes armados, más delitos, más soldados en las calles, menos policías civiles y corporaciones policiales aún más debilitadas.

En el caso de Sinaloa, no sólo hemos visto un incremento en las cifras de homicidios, sino también, de manera preocupante, han repuntado otros delitos que atentan contra la economía de las personas, como son el robo de vehículo (la mayoría con violencia), asaltos a trabajadores y estudiantes, robos a establecimientos comerciales y a casa habitación, lo que genera una percepción generalizada de inseguridad, que a su vez está provocando irritación en algunos grupos de la sociedad.

Si bien, estamos de acuerdo en que no es el momento para que el Ejército se retire de las calles, lo cierto es que no se observan a la par acciones de gobierno para reducir la incidencia de los delitos patrimoniales, la violencia en la sierra y el consumo de drogas entre los jóvenes.

En su afán por cuidar la estadística mediática de los homicidios, los jefes militares que están al mando de las policías preventivas (estatal y municipales) han descuidado su obligación de garantizar la seguridad de la población y de sus bienes patrimoniales.

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Algunos creen que por tener un arma de fuego en su casa están seguros, cuando es todo lo contrario.

¿Armar al desarmado?... Por favor, Germán Escobar, ¿en que carajos estabas pensando?

Está demostrado que la violencia genera más violencia. Hay que desarmar a los armados, no armar a los desarmados.

En todo caso, para reducir la delincuencia hay que abatir la impunidad.

No se puede avanzar en la lucha contra la inseguridad cuando sólo se detiene a diez criminales por cada cien homicidios.

El mensaje que recibe el delincuente es que se puede matar sin recibir castigo. 

Twitter: @victortorres_mx