“Nico” y el ISN: interesante similitud

El hombre aquél se llamaba Nicolás, pero siempre respondió al grito de “Nico”… Igual que el chofer del “Peje”, pero el personaje al que hago referencia no perteneció a nuestra época, lo que nos imposibilita a suponer siquiera que el individuo, es decir, “mi Nico”, tuviera alguna relación con el “Nico” conductor del político tabasqueño.

Eso sí, el personaje al que hago referencia era entrón y decidido, cuando de enfrentar alguna circunstancia adversa de la vida se tratara.

A Nicolás me lo describió mi abuelo como un hombre chaparrito, sombrero de palma y camisa bien fajada al pantalón, a media cintura.

Era, según el relato, como todo buen ranchero, echado pa' delante, inquieto, desconfiado y terco como una mula, actitudes que denotaba al participar en las asambleas comunitarias que se organizaban en el pequeño poblado para efectos de discutir la problemática social del momento y llevar el acuerdo a la autoridad del municipio.

Aunque en aquellos años la vida transcurría apacible y sin sobresalto alguno, en los pueblos de nuestro querido municipio de Angostura se hacía necesaria la presencia de una autoridad comunitaria, la cual, como ocurre todavía, recaía en un habitante del lugar.

Cabe destacar que los nombramientos de responsabilidad pública que se encomendaban a los vecinos del pueblo, eran más bien encargos honorarios que el presidente municipal en turno asignaba a determinada persona, sin percepción de salario ni atribución legal o jurídica alguna y, peor aún, sin un oficio en que se suscribiera el nombramiento.  

El cargo, o encargo que se asignaba y que convertía al beneficiado en el personaje poderoso e influyente del pueblo, era comisario municipal, mismo que tenía la obligación de rendir cuentas al síndico, para que este a la vez lo hiciera ante el presidente municipal en funciones.

Pues bien, ocurrió que por allá por los años 30´s un recién estrenado alcalde de Angostura, hizo la consabida repartición de responsabilidades públicas, y cargos anexos y conexos, recayendo el paquete de Comisario de la comunidad de Capomos en la persona del multicitado y polifacético “Compa Nico”.

Recoge el anecdotario del personaje que da vida a esta narrativa, que habrían pasado algunos días de asumido el encargo de Comisario por parte de Nicolás, cuando se vinieron los alegres festejos de la Navidad y año nuevo.

Interesado por hacerse notar como máxima autoridad de su comunidad, el compa “Nico” se lanzó una tarde hacia la escuela primaria del lugar, para efectos de tocar el cencerro que colgado de un árbol de ciruelo servía como el toque de llamado a clases para los alumnos que ahí cursaban sus estudios.

El sonsonete permanente que ocasionaba el fierro golpeado, atrajo poco a poco a los pobladores del rancho, quienes con curiosidad atendían el llamado que les hacía su Comisario para que formaran un circulo humano, ya que, les aseguraba, había un ordenamiento legal que les sería comunicado en el acto.

Constituido el quórum legal de los hombres del lugar y, tras garraspar y acomodarse el sombrero, el “gobernante” comunitario, inició con su florido discurso.

“Apreciable comunidad, los he convocado mediante el diáfano y claro sonido del fierro escolar para hacerles saber que, en mi calidad de máxima autoridad de este caserío que da vida al glorioso pueblo de Capomos, municipalidad de La Angostura, en el estado de Sinaloa, he decidido mantener el orden y la paz social de este pueblo, por lo cual, quedará prohibido el disparo de cualquier arma de fuego como parte de la tradicional celebración del nacimiento del nuevo año”.

“Y prosigo”, arengó el gobernante "que, para su conocimiento, efectos, causas, circunstancias y fines legales correspondientes, he decidido que hombre o mujer que use su arma de fuego para festejar, serán multados con cinco pesos moneda nacional por cada balazo al aire o suelo que salga del cañón de su rifle o pistola".

Sobra decir que la advertencia lanzada por “Nico” para nada agradó a los pobladores de Capomos, a quienes poco faltó para que tundieran a golpes a su nueva autoridad, por lo que llegado el 31 de diciembre, en varias casas sonaron los cañones de las viejas pistolas del calibre 44.

Pero también es cierto que a muy temprana hora del primer día del año nuevo, Nicolás salió con una libreta y una bolsita de cuero a recorrer el poblado con la firme intención de cobrar las consabidas multas.

“Vengo por los 30 pesos que Camacho le debe al municipio”, le dijo “Nico” a la señora que le atendió en la puerta de una vieja casona del poblado.

Ante el extraño cobro la mujer se introdujo de nuevo a su casa para informar a su marido de las cuentas pendientes que tenía con el gobierno.

"¿Qué pasó, compa Nico, qué cabronas cuentas me trae a éstas horas?", preguntó el hombre al salir al llamado, mostrando aún las huellas de la parranda se percibía no solo en su rostro, sino también en el tufo a vino fermentado que su cuerpo despedía.

“Sí, señor", respondió el comisario, "le debe usted al gobierno 30 pesos por los Seis balazos que tiró en la madrugada”… Son 6 tiros a 5 pesos cada uno, compa Camacho, sentenció.

"¿Tú me viste, tirar bala?", cuestionó ya encabronado el acusado.

“No señor, pero escuché clarito el sonido de su pistola”, respondió Nico… Y, sin dar oportunidad de revirar a su interlocutor le aclaró las cuentas… “Fueron seis balazos, compa Camacho, no le 'buiga'”.

Y enseguida se las recordó… Pum… pum… pum… Fueron tres… Y en seguidita Pum… pum… llegó a cinco…Y…Pum… "Seis pajuelazos, a 5 pesos cada uno… Nos debes 30 bolas Camachón".

La anécdota del legendario Nico, que hoy refiero, la comparo con la polémica que en Sinaloa se ha desatado en torno al recién aprobado impuesto sobre nómina por parte del Congreso del Estado.

La protesta se hizo viral en las redes sociales al grado de que infinidad de personas se han lanzado a satanizar y criticar de manera letal a los miembros de la actual legislatura, solo por lo que han escuchado decir a empresarios y personajes con mentalidad política ajena a la filiación partidista de los diputados que aprobaron el citado impuesto.

Y es que la realidad nos hace entender que el grueso de los críticos e inconformes ni siquiera conocen a ciencia cierta los verdaderos efectos que el citado impuesto generará en la economía de todos los sinaloenses.

Así expuesto, por mi parte no creo en las predicciones catastrofistas de quienes con fiereza están lanzando bolas de fuego, al grado de personalizar ataques en contra de algunos Diputados a quienes evidentemente tratan de desvirtuar y dañar su imagen política… Ya veremos de qué lado está la razón cuando el impuesto sobre nómina cobre vida y se conozcan con certeza los pros y contras de este discutido gravamen.