¿Negociación exitosa?

"La diplomacia es el arte de conseguir que los demás hagan con gusto lo que uno desea que hagan". Dale Carnegie

Con los pulgares en alto y un ejemplar del acuerdo binacional en la mano, el Secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard se presentó ante los medios a informar sobre el resultado de la negociación entre Estados Unidos y México, para abortar la amenaza de Trump de imponer un arancel creciente del 5% hasta el 25% a todos los productos que desde nuestro país se exportan a la Unión Americana.

Hasta el momento de escribir estos párrafos, las autoridades mexicanas no han festinado el acuerdo como un triunfo, lo que hay que reconocerles porque ciertamente no lo es. Ojalá no haya triunfalismo en el mitin de Tijuana.

La postergación de la amenaza es en gran parte consecuencia del riesgo interno que se avizoraba en los mismos Estados Unidos con la imposición de aranceles, así como de la reacción adversa de distintos actores políticos y empresariales de aquél país, a partir de que especialistas estimaron que solo en el Estado de California la medida provocaría la pérdida de al menos 50 mil plazas de trabajo, en tanto que en Texas irían al paro obligatorio 130 mil trabajadores, amén de la repercusión que la medida tendría sobre los precios de innumerables productos mexicanos que se consumen al norte de nuestra frontera.

Otro elemento que ayudó a la suspensión de la medida fue que la utilidad electoral para el Presidente norteamericano, que está en abierta campaña por la reelección, llegó a la cima de la curva y amenazaba con caer, sumado a que con el acuerdo fue Trump quien se alzó con el triunfo tanto en el aspecto político como en el económico.

En este último aspecto, Trump declaró que el gobierno de México asumió el compromiso de adquirir grandes cantidades de productos agrícolas "de nuestros grandes agricultores patrióticos", aspecto que estuvo ausente tanto del comunicado conjunto que emitieron los negociadores, como del informe de Marcelo Ebrard ante los medios de comunicación.

Pero el punto definitorio del acuerdo binacional fue el sometimiento absoluto del gobierno mexicano ante la exigencia norteamericana. El propio Ebrard enunció los compromisos asumidos en el tema migratorio, en el que la autoridad de nuestro país ya inició el trabajo sucio encomendado por Washington, comprometiéndose a desplegar 6 mil efectivos de la naciente y aún sub regulada Guardia Nacional en la frontera sur, para detener el flujo de migrantes; y a trabajar denodadamente para desactivar las organizaciones delictivas dedicadas a la trata de personas, coloquialmente conocidas como coyotes, un trabajo que debió hacerse hace mucho, pero que solo inició públicamente luego de lanzada la amenaza.

Y por si eso fuera poco, México asumió la responsabilidad de ejecutar el protocolo de protección a migrantes implementado desde enero pasado, con poco éxito, por el Departamento de Seguridad Nacional del país vecino, que se conoció como "la política de permanecer en México"; que consiste en obligar a los solicitantes de asilo, cualquiera que sea su nacionalidad, a esperar en nuestro país mientras sus procesos avanzan en los tribunales migratorios de los Estados Unidos.

Con el acuerdo, el gobierno mexicano aceptó convertir nuestro territorio en la sala de espera de miles de migrantes no solo centroamericanos, sino de orígenes diversos, lo que representará una carga presupuestal adicional sobre las de por sí castigadas arcas nacionales, aunque materialmente esa carga se ha depositado en los hombros de los municipios fronterizos como Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez y otros, que ya venían recibiendo a miles de personas que requieren de trabajo, escuela, salud y otros servicios. Tan solo de enero a la fecha han sido devueltos a México más de seis mil solicitantes de asilo, según cifras oficiales norteamericanas, es decir 38 personas diarias en promedio, la mayoría de los cuales son migrantes vulnerables como mujeres embarazadas, padres de hijos con discapacidades y personas con capacidades diferentes que requieren atenciones especiales.

Un trámite de asilo en los Estados Unidos puede durar, en condiciones normales o idóneas, entre dos y cinco años, pero en este momento las condiciones idóneas son inexistentes por la cantidad de medidas antiinmigrantes desplegadas por Trump, cuyo gobierno inició con un rezago que supera los 850 mil casos y se incrementó notablemente a principios de este año debido al cierre del Gobierno, que suspendió todo trámite. Desde el inicio de esta administración se ha incrementado el rezago en más de 200 mil casos, según publicó The New York Times.

Se evitó la aplicación del arancel y eso es bueno, lo que no lo es tanto es que no tengamos la estimación del costo económico que significará atender a un número indeterminado de personas, a quienes conforme al acuerdo deberán ofrecerse oportunidades laborales, educación y servicios de salud; sin olvidar que también requerirán vivienda y otros servicios, situación que por lo demás, es una obligación constitucional de nuestro gobierno.

Y ni qué decir de las consecuencias sociales que el fenómeno migratorio ha empezado ya a generar en nuestro país, que ha dejado de ser un simple territorio de paso, para convertirse en receptor de migrantes con su bagaje de necesidades. Ya se advierten signos de intolerancia en algunos sectores de la población, exactamente igual que sucede con los norteamericanos respecto a nuestros compatriotas.

Ninguna de las estrategias anti-migrantes planteadas anteriormente por Donald Trump había tenido tanto éxito como la amenaza de los aranceles; así fue frente a China y hoy lo es ante México. Ha utilizado esta estrategia para lograr acuerdos que le permitieron potenciar las exportaciones de productos agrícolas hacia aquellos países con los que Estados Unidos mantiene un déficit comercial, y eso la convierte en un éxito electoral que le asegura lo que en México llamamos el "voto verde".

No por nada agradeció al Presidente López Obrador y a Marcelo Ebrard, por "trabajar tanto tiempo y tan duro" para conseguir el acuerdo sobre migración, y afirmó que México se esforzará mucho, y si lo hace, este será un acuerdo muy exitoso tanto para Estados Unidos como para México, según escribió en su Twitter.