México y el PRI: Los retos de su renovación política

TRIBUNA | EL PAÍS

En México la XXII Asamblea Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) decidió realizar un cambio con valor estratégico, al modificar su normatividad interna y abrir su postulación a presidente de la República a un candidato ciudadano, simpatizante y no necesariamente militante de sus filas.

Bajo la dirección del presidente del Comité Ejecutivo Nacional, el Dr. Enrique Ochoa Reza y con la inspiración política del líder real del mismo, el presidente Enrique Peña Nieto, se trazó un camino destinado a renovar al PRI ciudadanizándolo, y a crear las condiciones para una candidatura de amplia aceptación y consenso.

A la luz de lo anterior es que se aceptó como precandidato presidencial al hasta hace unos días Secretario de Hacienda y Crédito Público, el Dr. José Antonio Meade Kuribreña, un joven maduro de reconocida experiencia, con 48 años de edad, de sólidos principios y valores morales, y de acrisolada y reconocida honradez, con una larga trayectoria que lo ha llevado a ocupar, cinco veces, oficinas de la mayor importancia en el gobierno mexicano, con administraciones emanadas de partidos políticos diferentes y opuestos, como lo son el PAN y el PRI; en dependencias tales como las secretarías de Hacienda en dos ocasiones, Energía, Relaciones Exteriores y Desarrollo Social.

Para entender mejor estos hechos, es indispensable hacer y responder algunos cuestionamientos, cuyas respuestas ilustrarán más a los lectores:

¿Qué le aporta José Antonio Meade al PRI como sustento para su nominación?

¿Qué aporta el PRI a la candidatura del aspirante presidencial con más apoyo de la sociedad abierta, para la siguiente elección?

El perfil de Meade se sintetiza en que es el eje articulador de tres procesos sociales y políticos que constituyen los principales reclamos de las y los mexicanos, como ciudadanos y como electores:

Encabeza a uno de los equipos humanos más modernos y capacitados de las últimas tres administraciones públicas federales; encarna personalmente esa experiencia, y prefigura una plataforma que funde la pluralidad democrática con la excelencia técnica.

Es un ciudadano que no arrastra el rechazo y la desconfianza que la sociedad mexicana siente respecto de los partidos políticos en la situación actual. Es más un cuadro representativo de la sociedad civil, y la representa más que cualquier otro de sus adversarios reales y potenciales.

Es un hombre en quien se reconocen probidad, honestidad y firmeza de carácter. Tiene la formación moral, académica y política para encarar los cuatro principales deficits de la transición actual: El combate a la corrupción, la erradicación de la impunidad, la generalización de las mejores prácticas del estado de derecho y la cultura de la legalidad, y el combate a la desigualdad económica y la pobreza.

Expresado de forma sumaria: Meade representa, al no ser militante, o quizá por ello mismo, una renovación estratégica y programática del PRI, así como un nuevo modelo de gobernanza que le permitirá al mayor partido político mexicano cambiar para permanecer, como preconizara su más grande ideólogo histórico, Jesús Reyes Heroles.

Merced al advenimiento de una candidatura ciudadana, tan suigéneris, es que no sorprenden las adhesiones que a escasos días de su lanzamiento formal está recibiendo de connotados hombres y mujeres que militan en organizaciones diferentes al PRI, y más aún de infinidad de personas de la llamada sociedad abierta o civil, que no milita en partido político alguno.

¿Qué le aporta el PRI a Meade como candidato presidencial y como proyecto político innovador?

Al articularse en torno a un candidato ciudadano, simpatizante, lo primero que el PRI pone en la balanza es su estructura de alcance nacional, sus cuadros operativos, su tradición de reformismo, y su conciencia de que México está cambiando, abriendo sus estructuras, su economía y su política, y que como partido está decidido a profundizar el cambio, en el marco de la globalidad y de los acelerados cambios tecnológico y político, que se viven en las naciones más modernas y evolucionadas del orbe.

El PRI no es solamente el más desarrollado y extenso partido partido político de México; es también el más consciente de que se requiere consolidar el cambio, porque la nación mexicana está llamada a ser una mayor potencia en el ámbito internacional.

Después de su más reciente asamblea nacional el PRI salió mucho más fortalecido y unido, y con una mayor capacidad para realizar los cambios y las reformas orgánicas que han de venir. Meade encuentra un partido unido y dispuesto a ejercer el poder político para iniciar una nueva era.

Por ello es significativo que, desde que se conoció su decisión de participar en la contienda presidencial, su lugar en las encuestas y en los sondeos de opinión ha subido de manera notable.

México enfrentará el primero de julio del 2018 una disyuntiva: Deberá escoger entre la modernización productiva con la generalización de la cultura de la legalidad; y la ilusión populista que ofrece todo sin saber cómo hacerlo.

La competencia del PRI y sus aliados, con su candidato presidencial José Antonio Meade, será principalmente frente a Morena y su candidato prácticamente designado Andrés López Obrador; a la que se sumarán los candidatos, aún no definidos, de los Partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, y Movimiento Ciudadano; más quienes logren registrar sus candidaturas independientes.

Lo más trascendente será que las y los mexicanos salgan a emitir un voto, razonado y en forma pacífica, por la consolidación de la democracia, por la evolución de México y por la continuidad de las reformas transformadoras, de las que se esperan avances importantes para el futuro de esta gran nación.