Las estrategias de AMLO

En la medida que se acerca la fecha de la sucesión presidencial, se afinan estrategias y se afilan las armas con las que se intentará obtener votos para sí mismo, y reducirlos lo más posible al contendiente. Aunque no es táctica novedosa, la descalificación del contrario parece ser el recurso más socorrido, y hacerlo a través de acusaciones de corrupción es lo más redituable.

Como ya se hizo tradicional, la muestra previa de las estrategias de todos los partidos se presenta a lo largo del proceso para la elección de Gobernador en el Estado de México, al que se considera el laboratorio de la elección presidencial, por lo que se le destina la mayor parte de los recursos políticos y económicos de los partidos.

Y no es casual que así sea, pues se trata de la entidad con mayor número de votantes del país, aún por encima de la Ciudad de México y del Estado de Veracruz, que ocupan el segundo y tercer lugar respectivamente. 

El Estado de México, además de ser la tierra de origen del actual Presidente de la República, es una de las de mayor poder económico y político, al concentrar el 13.3% de la población nacional y el 14.1% de los electores del país; ya que cuenta con cerca de 11 millones 400 mil ciudadanos en posibilidad de votar, de los 86 millones 500 mil que integran el padrón nacional.

A veinte días de la jornada electoral y con solo 17 días de campaña por delante, las cerradas encuestas mantienen en el filo de la butaca a los espectadores, y al borde de la desesperación a todos los partidos políticos, con excepción quizá del PRD, que al no aspirar al triunfo cifra su esperanza en una refrescante recuperación que será oxígeno puro para el 2018. 

En el PRI deben estarse tronando los dedos, pues a pesar de encabezar casi todas las encuestas, -solo una no le favorece-, la diferencia promedio respecto de su más cercana competidora apenas rebasa los tres puntos porcentuales, aunque para algunas empresas encuestadoras, como la del periódico El Universal, existe un empate técnico al alzarse el priista Alfredo del Mazo con un limitado 1.6% sobre la lópezobradorista Delfina Gómez y con un margen de error de más o menos 3%. 

Seguramente el PRI habrá de poner a trabajar a marchas forzadas a toda su estructura, y destinará cuantiosos recursos para mantener este bastión, uno de los pocos estados que no han conocido la alternancia partidista en el gobierno. Al respecto AMLO declaró y luego fue seguido por algunos analistas, que al no constituirse la candidata panista en un factor que reste votos a la candidata de Morena, el PRI optó por reforzar al candidato del PRD Juan Zepeda, cuyo crecimiento parece dar verosimilitud a la especie.

Algunas encuestas ubican al candidato perredista en tercer lugar, compitiendo por esa oposición con Josefina Vázquez Mota, para quien una segunda derrota electoral consecutiva significaría quizá el retiro de la actividad política.

En el segundo lugar se ubica obviamente Delfina Gómez, de Morena, quien puntea solo en una de las encuestas, lo que al parecer ha puesto nervioso a su líder Nacional Andrés Manuel López Obrador, quien no ha dejado de hacer campaña y de interceder personalmente por su candidata, echando mano de todos los recursos a su alcance para no ceder ante el embate político del que tanto ella como él están siendo objeto.

López Obrador ha centrado gran parte de su atención en el Estado de México, casi al grado de sustituir a su candidata en la campaña y, desde luego, en los niveles paralelos de confrontación política, seguramente como reacción a la fuerte andanada de señalamientos de corrupción que recaen sobre algunos de sus correligionarios, como fue el caso de la diputada local veracruzana Eva Cadena, a quien se sorprendió recibiendo fajos de billetes de manos de una mujer, que dijo que los recursos eran para López Obrador, todo lo cual quedó documentado en varios videos, publicados por medios de comunicación nacionales.

Las encuestas son testimonio de que esas acusaciones y el señalamiento de manejos turbios de las finanzas municipales de Texcoco en el ejercicio de Delfina como presidenta municipal, entre los que se cuentan los descuentos de nómina a trabajadores de ese ayuntamiento para entregarlos a una asociación encabezada por el actual presidente municipal Higinio Martínez, a quien se tilda de cacique, frenaron el crecimiento electoral de la candidata de Morena.  

Ante ello y fiel a su estilo, AMLO reaccionó exigiendo públicamente al PRD, al PT y a Movimiento Ciudadano apoyar a Delfina, amenazando que de no hacerlo, las izquierdas no irían juntas a la elección presidencial de 2018, es decir que el propio AMLO rechazaría esa unidad e iría solo. 

La amenaza implica que, de no declinar de su participación en la elección y sumarse a Morena, esos partidos deberán perder desde ahora la esperanza de compartir el poder al que el caudillo morenista aspira. Y no pudo ser más claro, “para que no se anden por las ramas los del PRD diciendo que sí van al 18, -afirmó- pero en el Estado de México les están haciendo el juego a Enrique Peña Nieto y al candidato del PRI, Alfredo Del Mazo. ¡No! Si quieren la unidad para el 18, que ya se deslinden del PRI, se deslinden de Peña Nieto en el Estado de México”.

Contradictoriamente y de manera inusual en él, declaró en otro evento que “estamos abiertos al diálogo, pero ahora es cuando se necesita el apoyo”, lo que hace evidente que el empate técnico le genera escalofríos, no por el hecho de no obtener la gubernatura del Estado de México, sino por lo que la derrota en esta entidad emblemática significa para su proyecto nacional.

A veinte días de la elección, cuando ya no hay posibilidad de formalizar una coalición que les permita conservar los votos para sí mismos, la declinación de los candidatos del PRD y de PT en favor de Delfina Gómez implica renunciar a las posibles curules que llegarían a obtener, así como el detrimento de la imagen política al someterse a los designios de quien de manera reiterada los ha etiquetado como cómplices de la mafia del poder, pero sobre todo les producirá un quebranto económico al ver reducido sustancialmente el financiamiento público que se otorga en función de la votación obtenida.

Para el PRD, en cuyo seno conviven una corriente que se resiste a otorgar el apoyo y otra proclive a ello, implicará si no el riesgo de desaparición, si la aceleración del menoscabo de su membresía. En otras palabras, López Obrador lograría fusionar de hecho a las corrientes de izquierda y ponerlas a su servicio. 

Es cierto que no le sería fácil controlar a las corrientes disidentes del PRD, pero su talante autoritario las sometería por la fuerza o las relegaría, sobre todo si se concreta la conquista de la Presidencia de la República. Vea si no el tono con el que solicitó el apoyo, que más que petición suena a mandato o instrucción: “Quiero ver a la gente del PRD, PT y Movimiento Ciudadano convocando a los medios de comunicación, para decir que se unen a este movimiento y que apoyarán a Delfina”. Un “quiero ver” que manifiesta el caudillismo, el autoritarismo individualista; un “se unen a este movimiento” que expresa la convicción de ser el único camino y de que están conmigo o contra mí.

Los candidatos del PRD y del PT, pues Movimiento Ciudadano no postuló, respondieron de inmediato que no declinarán; y a esa oposición se sumó el gobernador de Morelos Graco Ramírez, quien salió a medios para anunciar que junto con otras fuerzas políticas -sin incluir al PRI, dijo- trabajarán para evitar que López Obrador logre hacerse habitante de Los Pinos en 2018, en una especie de Todos Unidos contra AMLO que evoca aquél famoso TUCOM, que en 2005 integraron Arturo Montiel, Enrique Martínez y Martínez, Tomás Yarrington, Manuel Ángel Núñez Soto y el hoy diputado sinaloense Enrique Jackson Ramírez, entre otros.