La Felicidad

Edith Sánchez, periodista colombiana, pregunta: 

"¿Se puede ser feliz después de haber vivido una infancia traumática?".

No todo el mundo ha tenido una infancia feliz. Por desgracia, algunas personas además tuvieron que pasar por experiencias difíciles que, de algún modo, les dejaron una profunda huella en su interior capaz de impregnar diversas áreas de su vida. En la niñez se tejen parte de los hilos de nuestra vida psicológica. Por ello, cabe preguntarnos ¿se puede ser feliz después de haber vivido una infancia traumática?

No es una apreciación, sino un hecho verificado. Es muy difícil ser feliz tras haber vivido una infancia traumática, pero no imposible. Esto se debe a que durante los primeros años de vida somos particularmente susceptibles a nivel emocional. Como hemos dicho, las vivencias dejan una huella profunda. Tanto lo positivo como lo negativo imprime un sello indeleble en nuestras vidas.

El niño es un ser altamente vulnerable. Depende de los adultos y del entorno primario en el que se encuentre. No cuenta con los recursos físicos, ni psicológicos para comprender y tramitar lo que vive. Fácilmente lo sobredimensiona, o lo distorsiona, llegando a sentirse triste o superado por las circunstancias.

Los traumas de la niñez se convierten en dificultades para vivir en paz durante la vida adulta. El amor propio queda lesionado y también la confianza en uno mismo. A veces resulta casi imposible amar, o dejar que nos amen.

¿Se puede ser feliz después de haber vivido una infancia traumática?

Es posible que esas huellas del pasado no desaparezcan del todo. Lo bueno es que realizando un trabajo adecuado es posible ser feliz, pese al eco de esos sufrimientos de la niñez que difícilmente tendrán un total consuelo.

(Hasta aquí Valeria Sabater).

Comentario de JPR:

La búsqueda de la felicidad no es nada nuevo en la historia de la humanidad. Los filósofos, los poetas, los pensadores en general han invertido buena parte de su producción en ese camino.  

Sin embargo, la pregunta ha servido a la cultura para establecer una queja permanente en sus obras filosóficas, o sea, los hombres se quejan.

Mire usted, la infancia nos enseñó que nuestra fantasía tiene límites dados por la realidad.

A partir de ahí la humanidad tiene millones de años oscilando de la fantasía propia al malestar cultural.

La psicología podría ser un lugar de reflexión al respecto, más tampoco tiene respuestas absolutas.

Como aseguran los sabios: no sabemos cuál de los dos polos (la fantasía individual o el malestar en la cultura) triunfará en el futuro. Bueno: no lo sabemos ahora, dirán otros.

Mientras tanto, el ser humano se siente con derecho a buscar la felicidad hasta donde pueda ser socialmente capaz.

Piénsele bien y seguiremos platicando.

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