El ejemplo arrastra

¿Pero qué ejemplo? Y ¿A dónde?

Todos somos ejemplo, algunos por propósito, otros sin saberlo, pero llegamos a serlo ante los ojos de quien nos mira y oídos de quien nos escucha, sin importar que sean cercanos o simples desconocidos con los que coincidimos por casualidad.

Nos guste o no, nuestras acciones van más allá de nosotros mismos, por el simple hecho de que no vivimos solos.

Pero hoy esto es algo que ya carece de importancia y significado para el ser humano, hoy, nadie quiere ser un ejemplo para nadie. 

Vivimos por nosotros y llegamos a sentirnos lo suficientemente grandes para hacer lo que queremos sin importar delante de quién: palabras altisonantes, malas conductas, fumar y beber en espacios públicos o delante de los niños.

Y he ahí uno de los más grandes problemas de la educación que damos a la niñez, ¿Cómo van a aprender buenos modales, conductas y actitudes, sin verlas?  Si cada vez parecen formar más parte de un cuento de hadas que de una realidad palpable y visible. 

Cuando estas delante de otra persona, y siendo esta un niño o joven, eres tú la muestra de lo que se debe y no debe hacer, de lo permitido, porque el ejemplo es el maestro más persuasivo que tenemos.

Es por ello, que hacemos lo que sabemos está mal, por el simple hecho de que todo el mundo lo hace: burlarnos, insultar, tirar basura donde sea, sobornar, mentir, destruir. Seguimos cualquier ejemplo que nos fue puesto a la vista, entonces hacer lo malo, nos parece más fácil y aunque entremos a una edad en que deberíamos ser más críticos, nosotros mismos elegiremos seguir malos ejemplos. 

Se forma increíblemente, una cadena de malas acciones y malos ejemplos, que llevamos de una generación en otra, y que hoy en día  los jóvenes propagan masivamente por redes sociales, al publicar toda evidencia de conductas negativas y destructivas, porque todo se plasma, no sólo un buen rato entre amigos, sino todo aquello que ellos ya sienten incluso como un derecho, su diversión, sin darse cuenta de que no está bien, desde el momento, que afecta la salud y saca lo peor y no lo mejor de ellos mismos, no es algo que deba exhibirse como ejemplo para los menores de edad que usan redes sociales.

El ejemplo de un padre que bebe demasiado, un hermano que se droga, una madre que se olvida de sus hijos, el camionero peleando desde el volante, el señor que prefirió sobornar, el joven que boto la basura ahí mismo, las personas viéndose como simples desconocidos que no comparten ni un saludo, hay cosas aun peores que estoy segura vendrán a tu mente.

Para ayudar a comprender, que todos somos y seguimos ejemplos, y en ambos casos lo justo es elegir que sea uno bueno, dar nuestra mejor versión a los demás, porque es así como inicia una cadena de buenas acciones y optar por elegir buenos ejemplos a seguir, algo que los niños no hacen críticamente, ellos admiran a las personas y les siguen, y es por ellos por quienes les invito a hacer el doble esfuerzo de comportarse. 

Dar un buen ejemplo, en palabra, conducta y amor, es la mejor educación, el mejor legado y la mejor manera de influir positivamente en la vida de los demás, es ayudar a que el mundo cambie para bien.

Por ello te pregunto e invito a cuestionarte ¿Qué clase de ejemplo serás hoy?