De Tlatelolco a Cataluña

Nos tocó asistir en el Campo Marte a un espectáculo muy hermoso de más de 15 mil seres haciendo un moño humano en apoyo tanto a la lucha contra el cáncer de mama, como en favor a la solidaridad mostrada con motivo de los sismos de este año.

Pero mi comentario de hoy, después de esta introducción de reconocimiento a esta labor tan altruista, tiene que ver con la conmemoración del 2 de octubre de 1968 y tiene que ver también con Tiananmén, en China, y con Cataluña (España). Tiene que ver con lo que los estadistas llaman el principio de autoridad o el apego a la legalidad y quiero hacer un homenaje a los estadistas humanistas, a quienes privilegian el diálogo, la tolerancia, la discusión civilizada de las ideas, el respeto a la dignidad humana.

En 1968 teníamos un Presidente de la República, gran estadista, gran abogado, gran político, pero represor, que defendía el principio de autoridad y que no agotó las instancias del diálogo. Ya no queremos que eso ocurra, queremos que se privilegie la discusión civilizada de las ideas, el diálogo, el respeto, la pluralidad, la tolerancia y los verdaderos principios democráticos.

Y lo traslado a Tiananmén, donde hubo un problema muy importante en la República Popular China y hubo represión... y lo traslado ahora a Cataluña, a España.

Entiendo la situación que está ocurriendo en España y que ocurre en Cataluña, cuya capital es Barcelona. Comprendo la posición del presidente Mariano Rajoy, que se apega a la ley e invoca el principio de autoridad, pero eso no le permite reprimir. Habría que entender y comprender la situación de los catalanes, donde el 90 por ciento propone una separación. 

Supongo la situación penosa, difícil, delicada y peligrosa para España, porque puede venir un desgajamiento de las provincias españolas. Está el país Vasco, está Cataluña (por supuesto), está Galicia y otras provincias, yo entiendo la situación. 

A qué clamaría como un ciudadano neófito en la materia española y catalana, a hacer el privilegio del diálogo, de la conciliación, a usar el poder de la política, la fuerza de la política y no la política de la fuerza, como diría un gran mexicano, hijo de padre español, don Jesús Reyes Heroles.