Cuén, Irízar, Torres, Valdés

Por orden alfabético aparecen los apellidos de algunos con potencialidad y rentabilidad política para jugársela por Sinaloa en las elecciones del 2021.

Los análisis no aguantan la probabilidad estadística, en tanto la historia revela que puede ser el que menos imagina el electorado, incluso, alguien que ni siquiera figura en el entarimado político.

La estadística inferencial le debe reverencia al poder político y no a las matemáticas, el poder de quien o quienes toman las decisiones es lo que cuenta a la hora de las definiciones.

Nadie niega la experiencia y carácter de los cuatro referidos; sin embargo, no todo es tener la intención mayoritaria de las filas universitarias, el apoyo de los organismos intermedios como las intercamarales o la amistad con exgobernadores, los pescadores, los agricultores, los líderes cupulares de partidos políticos, o los líderes de colonias.

Hay dos poderes más que definen la silueta del candidato y el logotipo del partido ganador, por lo tanto, resulta banal la especulación de los dones o la meritocracia de los hombres y mujeres con potencialidad para gobernar Sinaloa después de Quirino.

El algoritmo puede perfilar las preferencias, la decisión final es otra cosa. Si cada uno de los pretensos pudiera poner sobre la mesa de la discusión autocrítica sus activos políticos, Melesio Cuén afirmaría que la suma del trabajo antes de la campaña es su fortaleza; Aarón Irízar diría que se siente preparado desde hace años para arribar a la gubernatura; Sergio Torres sacaría sus cuentas políticas desde su diputación local donde su propuesta de castración química le dio la vuelta al mundo; y Jesús Valdés haría lo propio retomando la experiencia de cargos y representaciones estatales.

La simpatía y las promesas dejaron de ser la llave de la voluntad a la hora de votar. Hoy, los candidatos deben incluir en sus propuestas el cómo de las cosas y la evidencia de la certeza de su dicho.

El enemigo a vencer en las elecciones del 2021 en Sinaloa, en principio, no será el rival político, será el concepto ciudadano de corrupción y otra vez se romperán el paradigma de "vale más malo por conocido que bueno por conocer". El poder ofrece siempre sorpresas.