Concierto de júbilo y odio

La euforia política del “Lopezobradorismo”, tras el triunfo electoral alcanzado, sigue vigente y es notorio que el fuego de la pasión política que se generó tras ese acontecimiento, lejos de apagarse amenaza con cobrar cada día mayor fuerza y relevancia.

Los ánimos de quienes se consideran parte importante del  triunfo de AMLO se desbordan y tratan hoy no sólo de hacer notar su incuestionable éxito político, sino de golpear y humillar a los adversarios vencidos.

Es claro que con esa actitud los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador no han entendido el mensaje de reconciliación que éste pretende impulsar en aras de la unidad de los mexicanos.

Peor aún, lejos de ese sano entendimiento, ávidas se manifiestan las hordas por cobrar venganza sobre el adversario caído durante la jornada electoral del pasado 1 de julio, promoviendo un rencor nada recomendable entre los mexicanos en éstos tiempos en que el reclamo social es de concordia y armonía.

Y es que consideran, quizá, los que hoy levantan la estafeta de la victoria política, que el largo tiempo de espera para presentar la factura de su venganza ha llegado y no están dispuestos a escatimarse de ese privilegio por tanto tiempo acariciado y esperado.

Así lo entienden los profesores de la disidencia sindical del SNTE y así están actuando, alentados, quizá por esa sed de venganza largamente guardada en su corazón, tal vez por prudencia, lealtad, temor o simple obediencia a los dictados sindicales.

Ahora ya sin cortapisas y sin el menor temor a ser sancionados por su otrora y poderoso líder nacional, Juan Díaz de la Torre, y menos por quienes hacen alarde del control magisterial en Sinaloa, saltan del círculo de obligada obediencia al escenario de la abierta confrontación con los que antes fueron sus amos y señores.

Por ello fue que ayer los cánticos del triunfo electoral surgieron desde el Congreso del Estado de Sinaloa, en lo que fue una extraña mezcla de cantos y odio.

Para nadie fue un secreto que los destinatarios de los agravios magisteriales estaban identificados y personificados en dos diputados Silvino Zavala y Tomás Amador, aunque el canto de las golondrinas estuviera dirigido a todo

“El ocaso de un tormentoso amor” podría ser entonces el título de la película que estos hechos pudieran servir de inspiración a algún productor de comedia o cine que quisiera llevar a escena éste histórico acontecimiento.

Y es que el amasiato político entre esa ala del SNTE con algunos líderes magisteriales afines al PRI ha tocado fondo y finaliza, según vemos, en un clima de evidente odio y desprecio de unos hacia otros.

Pero ayer había en el Congreso estaban dos legisladores que presentaban el blanco perfecto, para literalmente cantarles el tiro a sus jefes políticos y mediante una arenga poco diplomática dejarles ver que sus tiempos de gloria han llegado a su fin y que si pretenden continuar con su carrera política, tendrá que ser bajo la fuerza electoral de una corriente distinta y alejada del magisterio.

Es posible que este evento de júbilo y protesta del SNTE en el Congreso pudiera formar parte de la resurrección de una líder de la talla de Elba Esther Gordillo, mujer de agallas que pese a las adversidades que ha enfrentado sigue vigente y activa, y cual ave fénix recobra fuerza para contratacar a quienes antes fueron sus guerreros aliados y hoy sus odiados adversarios.

PAN Y PRI… BUSCANDO CULPABLES

MIENTRAS tanto, desde los escombros partidistas que dejara esparcidos por la geografía nacional el Huracán Manuel”, surgen las voces de la dispersa militancia tanto del PRI, como del PAN (las dos fuerzas políticas damnificadas más importantes de nuestro país) en busca de encontrar responsables de su catástrofe vivida.

Los del PRI tienen más clara su visión, al entender que su marca política está desgastada y desfasada de las exigencias sociales de los mexicanos.

Saben también los priistas, que “el factor Peña Nieto” con su gobierno fallido en materia de políticas públicas, economía y seguridad,  llevó al límite del hartazgo a una sociedad que no quiso desaprovechar la oportunidad para votar por un cambio.

¿Pero, y los del PAN a quien culpan de su estrepitosa caída en las preferencias electorales de los mexicanos?.

Muchos culpan de manera directa a Ricardo Anaya, quien primero fue su líder Nacional y luego su candidato presidencial.

A "Ricky riquín canallín” como lo bautizó el propio López Obrador,  lo señalan de ser un impostor que se valió de su habilidad discursiva y su innegable inteligencia para engañar a algunos de sus correligionarios, traicionar a otros y doblegar y humillar a muchos más.

Otros aseguran que aunado “al factor Anaya”, el PAN inició su debacle desde el momento en que perdió su identidad y sus valores políticos al caer en amasiatos, pactos y componendas con todo tipo de poderes, hasta llegar a las famosas alianzas que sólo provocaron burlas y motivos de señalamientos por parte de sus detractores. Lo cierto es que el PAN antes de iniciar con el control de daños en aras de su reestructuración, tendrá que entender que todos son culpables por omisos, agachados y faltos de valor para defender la doctrina e identidad de su partido.