07/23/2026 07:43:00 a. m.
Cuando se habla de Gustave Eiffel, la mayoría piensa de inmediato en la icónica Torre Eiffel que domina el paisaje de París. Sin embargo, pocos imaginan que una de las obras del célebre ingeniero francés se encuentra a miles de kilómetros de distancia, en un pequeño Pueblo Mágico del norte de Baja California Sur.
Se trata de Santa Rosalía, una comunidad con poco más de un siglo de historia que conserva un singular legado francés gracias a su pasado minero.
Entre calles tranquilas, construcciones de madera y el azul del Mar de Cortés, este destino alberga la Iglesia de Santa Bárbara, considerada la primera iglesia prefabricada instalada en México y una de las piezas arquitectónicas más sorprendentes del país.
La historia de Santa Rosalía dio un giro a finales del siglo XIX, cuando importantes yacimientos de cobre atrajeron a la empresa minera francesa El Boleo. En 1885, durante el gobierno de Porfirio Díaz, la compañía obtuvo una concesión para explotar los minerales de la región, transformando por completo la antigua comunidad conocida como Cachanía.
Con la llegada de ingenieros, técnicos y trabajadores franceses, comenzaron a levantarse viviendas, oficinas, escuelas y edificios con una arquitectura poco común en México. Techos de lámina, estructuras de madera y un diseño urbano de inspiración europea dieron forma a un paisaje que todavía distingue a Santa Rosalía.
Aunque la actividad minera terminó en 1954 tras el agotamiento de los yacimientos, el pueblo logró conservar buena parte de ese patrimonio histórico, que hoy se mantiene como uno de sus principales atractivos turísticos.
De acuerdo al medio foodandpleasure.com. La protagonista indiscutible es la Iglesia de Santa Bárbara, una estructura metálica diseñada por Gustave Eiffel.
El edificio fue fabricado en Europa con piezas de hierro galvanizado y presentado durante la Exposición Universal de París de 1889, donde la arquitectura prefabricada comenzaba a ganar popularidad por su facilidad para desmontarse y trasladarse a cualquier parte del mundo.
Tiempo después, la compañía El Boleo adquirió la estructura, la envió completamente desarmada por barco hasta Baja California Sur y la ensambló en Santa Rosalía. Finalmente fue inaugurada en 1895, convirtiéndose en un símbolo de la estrecha relación entre la minería y la influencia francesa en la región.
Su diseño, construido casi en su totalidad con hierro, continúa llamando la atención de visitantes nacionales y extranjeros que encuentran en este pequeño pueblo una obra firmada por el mismo ingeniero que revolucionó la arquitectura mundial.
El encanto de Santa Rosalía va más allá de este emblemático templo.
El recorrido puede continuar en el Museo Histórico Minero, instalado en las antiguas oficinas de la empresa El Boleo. Allí se exhiben fotografías, maquinaria, planos, mobiliario y documentos que narran la intensa actividad minera que marcó el desarrollo económico de la región.
A pocos minutos también se encuentran los vestigios de la antigua fundición de minerales, con enormes chimeneas y estructuras industriales que recuerdan el auge del cobre en la península.
Otro sitio que conserva el espíritu francés es el histórico Hotel Francés, construido en el siglo XIX y aún en funcionamiento, mientras que el barrio conocido como Mesa Francia mantiene parte del diseño urbano que alguna vez albergó a ingenieros y funcionarios de la compañía minera.
Desde 1901, la tradicional Panadería El Boleo continúa elaborando pan con recetas y técnicas de origen francés. Sus baguettes, pan de huevo y distintas variedades de repostería forman parte de una tradición que ha pasado de generación en generación y que hoy es uno de los sabores más representativos de Santa Rosalía.
Después de recorrer sus edificios históricos, el malecón ofrece el escenario perfecto para cerrar la visita. Con vistas privilegiadas al Mar de Cortés y atardeceres que tiñen de tonos dorados el horizonte, Santa Rosalía demuestra que algunos de los mayores tesoros de México se encuentran lejos de las rutas más conocidas.
Este Pueblo Mágico es la prueba de que la historia, la arquitectura y la cultura pueden converger en un mismo lugar. Y también de que, para admirar una obra de Gustave Eiffel, no siempre es necesario viajar a Francia; basta con descubrir este singular rincón de Baja California Sur.
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