07/07/2026 11:31:00 a. m.
Con la llegada de las altas temperaturas, surge un temor constante entre los automovilistas: ¿pueden las condiciones climáticas extremas hacer que los neumáticos estallen en plena ruta? Aunque el pavimento ardiente genera sospechas, la realidad apunta a un factor mucho más humano que ambiental.
Los expertos señalan que un neumático en óptimas condiciones difícilmente fallará por el clima; el verdadero peligro radica en la negligencia del mantenimiento.
Es una realidad que el asfalto absorbe calor de forma masiva. Si el termómetro marca 38°C, la superficie de la carretera puede superar fácilmente los 48°C. Este calor se transfiere al neumático, elevando la presión interna del aire.
Sin embargo, las llantas están diseñadas con un margen de tolerancia seguro de aproximadamente el 20% para absorber este incremento, siempre y cuando se respete la presión recomendada por el fabricante.
El riesgo real de explosión aparece cuando combinamos el calor con un inflado excesivo, sobrecarga de peso, o un desgaste severo de la banda de rodadura.
El desgaste no es el único enemigo. Prácticas comunes en los talleres, como el "seccionado" un método de emergencia que consiste en coser, pegar y vulcanizar una abertura lateral, comprometen gravemente la seguridad.
Al cortarse los flancos de una llanta, se rompen los alambres y fibras internas que le dan soporte estructural. Aunque estéticamente el acabado sea aceptable, sigue siendo una pieza severamente dañada. Rodar en carretera con estas reparaciones provisionales bajo temperaturas extremas es una fórmula directa para un reventón.
Aunque el calor no reviente una llanta sana, sí afecta su rendimiento. El calor ablanda el caucho, volviéndolo frágil y acelerando su desgaste hasta en un 15%, lo que además eleva el consumo de combustible un 10% debido al mayor esfuerzo de rodamiento.
Para mitigar esto, el uso de nitrógeno se presenta como una alternativa eficiente. Al ser un gas seco y puro, sus moléculas no se expanden ni se contraen con el movimiento ni los cambios térmicos, manteniendo la presión constante.
Para prevenir accidentes, es vital revisar regularmente la presión y verificar que el dibujo de la llanta no sea inferior a los 3 mm recomendados, ya que el límite legal y peligroso es de 1.6 mm.