07/01/2026 07:16:00 a. m.
En un estado donde el termómetro suele superar los 40 grados, una simple decisión para refrescar a los clientes terminó convirtiéndose en uno de los casos de éxito empresarial más representativos de Sinaloa.
Lo que comenzó como un té servido de cortesía en un restaurante de comida china hoy se traduce en una producción de 120 mil litros diarios y presencia en México y Estados Unidos.
La historia de Jaztea demuestra que, en ocasiones, las mejores innovaciones no nacen en un laboratorio, sino en la mesa de un restaurante.
Pero había un problema evidente: el intenso calor sinaloense hacía poco atractiva una bebida caliente.
Fue entonces cuando Gloria Payán, integrante de la familia Fong Payán, decidió hacer algo diferente. Preparó una infusión de flor de jazmín, la endulzó, le añadió hielo y unas gotas de limón.
El resultado fue inmediato. Los clientes no solo disfrutaban la bebida durante la comida, sino que comenzaron a regresar con jarras para llevarse más a casa.
Lo que parecía una simple cortesía estaba creando una nueva costumbre de consumo.
El creciente interés obligó a la familia a pensar más allá del restaurante.
Las primeras producciones se realizaban en grandes ollas instaladas en la cochera de la vivienda familiar, mientras las botellas eran llenadas de forma casi artesanal.
En esos años, Edna Fong Payán, quien estudiaba Arquitectura en la Universidad Autónoma de Sinaloa, se convirtió en una de las primeras promotoras del producto, vendiéndolo entre sus compañeros de universidad.
Aquellas ventas demostraban que el té no solo funcionaba en un restaurante de comida china; también tenía potencial como bebida independiente.
En 1994 llegó la decisión más difícil.
Mientras muchos empresarios habrían optado por conservar un restaurante exitoso, la familia tomó el camino contrario: cerró el negocio para convertir el inmueble en una planta de producción.
En un mercado dominado por los refrescos, introducir una bebida elaborada con té parecía complicado.
Sin embargo, encontraron una estrategia que marcaría la diferencia: ofrecer mayores márgenes de ganancia a las tiendas de abarrotes y cooperativas escolares, logrando que pequeños comercios impulsaran la distribución de Jaztea.
Con el crecimiento de la empresa también nació una imagen propia. Edna Fong diseñó la identidad visual inspirándose en la herencia china de la familia.
Además, el logotipo incorporó el ideograma chino "Pau", asociado con los buenos deseos y la larga vida.
Más que una marca, Jaztea buscó reflejar el origen de la familia que dio vida a la bebida.
Más de tres décadas después, aquel vaso de té preparado para aliviar el calor se transformó en una de las bebidas más reconocidas del noroeste del país.
Actualmente, Jaztea produce alrededor de 120 mil litros diarios, cuenta con diversas presentaciones y sabores, y ha logrado expandirse a distintos estados de México e incluso al mercado estadounidense.
Su historia confirma que una innovación aparentemente sencilla servir un té tradicional con hielo, limón y azúcar fue suficiente para crear una marca que hoy forma parte del orgullo empresarial de Sinaloa.