06/18/2026 11:29:00 a. m.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos identificó a Abraham Álvarez, un ciudadano mexicano de 31 años, como el presunto "cabecilla" de un complot terrorista frustrado.
El ataque planeaba perpetrarse en el Jardín Sur de la Casa Blanca durante el evento de artes marciales mixtas "UFC Freedom 250", organizado en el marco de la celebración del cumpleaños número 80 del presidente Donald Trump.
Álvarez llegó a los Estados Unidos siendo un niño. Aunque su visa de turista (B2) expiró en el año 2001, durante la administración de Barack Obama obtuvo un alivio de deportación que le permitió permanecer en el país bajo el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA).
Al respecto, la subsecretaria interina del DHS, Lauren Bis, declaró a medios estadounidenses que al acusado "nunca se le debió permitir la entrada al país", asegurando además lo siguiente:
"Él y sus cómplices ahora enfrentan cargos de conspiración para cometer homicidio y conspiración para cometer actos de violencia en los terrenos de la Casa Blanca. Se enfrentará a la justicia y será expulsado rápidamente de nuestro país".
Según las investigaciones del FBI, Álvarez coordinaba y reclutaba a los miembros de la célula a nivel nacional directamente desde su hogar en Nebraska. Fue arrestado el pasado 14 de junio por agentes federales en una iglesia metodista abandonada en el pequeño pueblo de Western, Nebraska.
Reportes de la prensa local señalan que el acusado pretendía utilizar este inmueble como una "zona segura" o punto de repliegue para él y sus cómplices tras ejecutar el atentado.
Eugene Kowel, agente especial a cargo de la oficina del FBI en Omaha, explicó que el objetivo de Álvarez era generar un evento con bajas masivas dirigido contra funcionarios de alto rango del gobierno. "Nuestro equipo trabajó contra reloj para localizar, detener a Álvarez y recopilar pruebas cruciales", afirmó.
Las intenciones de la célula criminal fueron detectadas el 10 de junio, cuatro días antes del espectáculo deportivo, gracias a que la madre de uno de los involucrados denunció ante el FBI que su hijo había gastado 3,000 dólares de forma sospechosa en la compra de armas.
Al interceptar mensajes de texto cifrados, las autoridades descubrieron mapas detallados, fotografías aéreas de la Casa Blanca y una estrategia coordinada diseñada para ser lo más letal posible:
Uso de explosivos: Planeaban sobrevolar los terrenos de la Casa Blanca con drones cargados de explosivos durante los combates de la UFC para desatar el pánico y forzar la evacuación masiva de miles de asistentes.
Emboscada con francotiradores: Una vez que la multitud y los funcionarios salieran de las instalaciones a campo abierto, un equipo de francotiradores posicionados estratégicamente abriría fuego contra "objetivos de alto valor".
Los investigadores indicaron que el ataque estaba motivado por teorías conspirativas de corte ultrarreligioso y sentimientos antigubernamentales, con quejas específicas sobre corrupción y el manejo judicial del caso de Jeffrey Epstein.
Hasta el momento, las autoridades federales mantienen bajo investigación a un total de 23 personas presuntamente vinculadas al complot. Además de Álvarez, ya han sido arrestados cuatro cómplices de entre 19 y 32 años en los estados de Ohio, Missouri y California, a quienes se les decomisaron armas de fuego de alto poder.
De ser declarados culpables por el cargo de conspiración para cometer homicidio, los detenidos podrían enfrentar una pena de cadena perpetua y una multa de hasta 250,000 dólares. A esto se le sumaría una penalización máxima de cinco años adicionales en prisión por planear actos de violencia dentro de las áreas de la Casa Blanca.