06/12/2026 11:40:00 a. m.
El Chevrolet Matiz es hoy una rareza en las calles, pero en su época dorada se convirtió en un pilar de la movilidad urbana. Este subcompacto del segmento A se ganó el afecto del público gracias a su accesibilidad y eficiencia, devorando kilómetros tanto en el uso particular como en flotillas y taxis.
FOTO: Cortesía
Sin embargo, detrás de su silueta urbana se esconde una historia de rechazo y arrepentimiento empresarial.
Diseñado originalmente por Giorgetto Giugiaro para Fiat marca que lo descartó por considerarlo inviable, el proyecto fue rescatado por la surcoreana Daewoo en 1998. Tras la quiebra de esta firma, General Motors adoptó el modelo.
A México llegó primero bajo el sello de Pontiac (como G2) y, finalmente, se consolidó con el emblema de Chevrolet, demostrando a sus detractores el tremendo error de haberlo dejado ir.
FOTO: Cortesía
El Matiz no buscaba la velocidad ni el lujo, sino la máxima funcionalidad urbana.
Con apenas 3.64 metros de largo y un peso inferior a los 800 kilos, se movía con agilidad gracias a un motor atmosférico de 1.0 litros, cuatro cilindros, 65 caballos de fuerza y 67 libras-pie de torque, conectado a una caja manual de cinco velocidades y rines de 13 pulgadas.
Su oferta comercial era directa, dividida en dos variantes.
Versión Básica: Ofrecía asientos manuales, cuadro de instrumentos análogo con tacómetro y preinstalación para radio con dos bocinas.
Versión Equipada: Añadía aire acondicionado, desempañador trasero y aperturas mecánicas desde el interior para la cajuela y el combustible.
Disponible en una paleta de seis colores (como el Rojo Fuego o el Verde Citrus), el Matiz demostró que un auto económico podía ser un éxito rotundo, dejando una lección de competitividad que sus rivales tardaron años en asimilar.