05/26/2026 08:08:00 a. m.
En un concurso de belleza marina, el gallo San Pedro no se llevaría ni un diploma. Con su cuerpo circular, plano, de color gris oliva y una cresta dorsal llena de espinas largas, parece más un pez de dibujo animado que un manjar.
Pero que no te engañe la cara, si el premio fuera al sabor, se lleva el oro. Porque este pescado, además de feo, es exquisito, sin espinas en la carne y uno de los más codiciados en la cocina europea.
Sus lomos son blancos, jugosos y carnosos. No tienen las molestas raspas pequeñas que arruinan un bocado. Por eso, quien lo prueba, repite aseguran consumidores locales de Almería
FOTO: Cortesía
El Zeus faber, conocido como gallo San Pedro, gallopedro, San Martiño o John Dory, tiene leyenda propia. Dicen que el apóstol Pedro lo agarró con dos dedos para sacar una moneda de su boca, y esas marcas son las dos manchas negras que luce hoy en sus lomos.
La ciencia dice que esas manchas son para despistar a tiburones y que su cresta erizada asusta a depredadores.
Vive en todo el Mediterráneo, en el Atlántico desde Noruega hasta Sudáfrica, y también en el Pacífico y el Índico. Es una especie que alcanza 66 centímetros y vive hasta 13 años. Come boquerones, calamares y crustáceos. Y pese a su demanda, es un gran desconocido para la ciencia.
Su captura no depende de un arte de pesca único. Se extrae principalmente con trasmallo y palangre, lo que provoca grandes variaciones en las estadísticas mensuales.
Los datos de 2025 muestran 96 toneladas en Galicia frente a casi el doble en Andalucía. Está presente los doce meses, pero su temporada fuerte va de mayo a noviembre.
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Antes pasaba desapercibido y tenía un precio bajo. Ahora es muy solicitado y su cotización se ha disparado, alcanzando fácilmente entre 30 y 35 euros el kilo.
Se trata de un pescado blanco y semigraso, fuente de proteína y minerales, que destaca porque su carne está libre de espinas. La mayoría de los ejemplares que se comercializan vienen de Portugal o Marruecos.
Será poco agraciado, pero su carne sin espinas se deshace en la boca y su sabor nunca decepciona. Por eso, aunque no destaque por su aspecto, el gallo San Pedro triunfa en la cocina. En cuanto llega a la lonja, desaparece.
Se puede preparar al horno, frito o solo con sal. La gracia del gallo San Pedro es que se aprovecha entero: los lomos van a la plancha o fritos, y con la cabeza y las espinas se hace un caldo espectacular. Será feo, pero en la cocina no tiene rival.
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