05/14/2026 07:53:00 a. m.
En las vastas praderas del norte de Sonora, donde el viento levanta el aroma de la tierra húmeda y el pasto recién brotado, una escena que parecía imposible hace apenas unas décadas vuelve a repetirse: pequeñas crías de bisonte corren junto a sus madres en libertad.
La imagen no es solo enternecedora. Es también el símbolo de una de las historias de restauración ecológica más relevantes de México.
En la reserva Cuenca Los Ojos, ubicada en el municipio de Agua Prieta, ya nacieron las primeras crías de bisonte de 2026. La organización encargada del proyecto anunció el nacimiento de "Lista", en el Rancho San Bernardino, que se suma al becerro nacido el pasado 22 de abril en Rancho El Uno.
Cada nueva cría representa mucho más que el crecimiento de una manada. Significa que el ecosistema está respondiendo y que el desierto sonorense comienza a recuperar parte de su equilibrio natural.
Durante siglos, el bisonte americano (Bisonte americano) dominó extensos territorios del continente. En México, su presencia desapareció por la caza intensiva y la pérdida de hábitat, hasta quedar prácticamente extinto en vida silvestre.
Hoy, su retorno a Sonora forma parte de un ambicioso proyecto de restauración ecológica en la reserva Cuenca Los Ojos, un corredor natural de aproximadamente 47 mil hectáreas que se extiende entre Sonora, Chihuahua, Arizona y Nuevo México.
La actual manada está integrada por 29 ejemplares, y cada nacimiento confirma que los animales no solo sobreviven, sino que se están adaptando con éxito a su entorno.
Con un peso que puede superar los 800 kilogramos, este animal transforma el paisaje con cada paso.
Cuando pasta, evita que una sola especie vegetal domine el terreno y favorece la regeneración de distintas plantas. Sus pezuñas rompen la superficie endurecida del suelo, lo que permite que el agua de lluvia se infiltre mejor y disminuya la erosión.
Incluso sus baños de tierra cumplen una función ecológica. Al revolcarse, crea pequeñas depresiones que atrapan semillas y humedad, generando microhábitats donde el pasto vuelve a crecer.
En otras palabras, donde pisa un bisonte, el suelo respira.
La reintroducción del bisonte en México comenzó hace alrededor de 17 años, cuando pequeños grupos fueron trasladados desde Estados Unidos hacia áreas protegidas del norte del país.
Lo que inició como un experimento de conservación se ha convertido en una prueba tangible de que la naturaleza puede recuperarse cuando se le brinda espacio y tiempo.
La actual temporada de nacimientos abre la posibilidad de que en las próximas semanas se sumen más becerros a la manada de Sonora, fortaleciendo la población y ampliando su impacto ecológico.