03/20/2026 04:24:00 p. m.
En un hecho que marca un hito de tristeza y asombro en la historia de la cristiandad, la Ciudad Vieja de Jerusalén presenta un panorama desolador este 2026, por primera vez en centurias, la Iglesia del Santo Sepulcro permanecerá cerrada al público durante la Semana Santa, la festividad más importante para los fieles que conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
Esta drástica medida ocurre tras un mes sagrado de Ramadán en el que también se restringió el acceso a los musulmanes a la mezquita de Al-Aqsa, evidenciando la compleja crisis de seguridad que atraviesa la región.
La Ciudad Vieja, corazón espiritual donde convergen las tres religiones monoteístas más importantes del mundo, se encuentra hoy bajo un blindaje que prioriza la protección de la vida humana sobre la tradición milenaria.
El gobierno de Israel ha sido enfático al señalar que el cierre de los recintos no es una decisión arbitraria, sino una respuesta a las amenazas externas.
"Los sitios sagrados de Jerusalén se mantienen vacíos por una razón: proteger a los fieles. Las mismas medidas de seguridad aplican al Muro de las Lamentaciones, la mezquita de Al-Aqsa y la iglesia del Santo Sepulcro", señalaron fuentes oficiales.
La administración israelí justificó la restricción mencionando la hostilidad regional: "Mientras el régimen iraní dispara misiles contra civiles de todas las religiones, incluso durante el Ramadán, Israel protege la vida y la seguridad de todos los fieles".
Edificada originalmente durante el reinado de Constantino el Grande en el Imperio Romano de Oriente, hace aproximadamente 17 siglos, la Iglesia del Santo Sepulcro es considerada el lugar más sagrado de la fe cristiana, al erigirse sobre el sitio donde se cree que Cristo fue sepultado.
Como el destino de peregrinación más concurrido de Jerusalén, el templo promedia unos dos millones de visitantes anuales, en un año normal, la Semana Santa atrae a más de 10,000 personas por día.
Este 2026, los pasillos de piedra y el Edículo permanecerán en silencio, una imagen que no se veía desde tiempos de plagas medievales o conflictos bélicos de gran escala en la antigüedad.
El cierre representa no solo un golpe espiritual para los millones de creyentes que planeaban su viaje, sino también un impacto económico severo para la zona, que depende casi exclusivamente del turismo religioso.
Mientras las puertas permanecen cerradas, el mundo observa cómo la fe se traslada a la esfera privada ante la imposibilidad de pisar la tierra santa.