Tras este hecho, diversas naciones han tomado postura y algunas incluso han participado de manera activa, ya sea permitiendo el uso de su territorio, respaldando diplomáticamente a uno de los bandos o enfrentando ataques como parte de las represalias.
De acuerdo con la postura de Washington, el despliegue militar, que incluye portaaviones y ataques con misiles busca desmantelar el régimen iraní, neutralizar misiles y presuntas capacidades nucleares, así como redes que considera una amenaza para su seguridad.
Por su parte, Israel, su principal aliado en Medio Oriente, mantiene ataques aéreos contra infraestructura militar iraní, en medio de años de tensiones entre ambos países.
Del lado de Washington y Tel Aviv se encuentran países que albergan bases militares estadounidenses o que han autorizado operaciones:
Reino Unido: Ha permitido el uso de bases en Chipre para operaciones estadounidenses y ha denunciado ataques con drones contra sus instalaciones.
Catar, Baréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos: Albergan importantes bases militares de Estados Unidos y han sido señalados como objetivos de represalias iraníes.
Jordania: Funciona como zona de amortiguamiento, interceptando proyectiles y alojando tropas estadounidenses.
Arabia Saudita: Rival histórico de Irán, mantiene cautela para proteger su infraestructura petrolera, aunque su territorio con presencia militar estadounidense ha sido mencionado como posible objetivo.
El papel de Rusia y China
Tanto Rusia como China han condenado la ofensiva de Estados Unidos e Israel, calificándola como una "agresión ilegal".
Aunque no han intervenido militarmente, han brindado respaldo diplomático a Irán en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), lo que añade un componente geopolítico de mayor alcance al conflicto.
El escenario actual refleja una polarización creciente en Medio Oriente, con alianzas estratégicas que podrían redefinir el equilibrio regional si la confrontación continúa escalando.