01/29/2026 01:00:00 p. m.
No hace falta cruzar el Atlántico ni pisar Europa para caminar entre muros que evocan caballeros, monasterios fortificados y silencios de piedra. En el corazón de Puebla existe un Pueblo Mágico que rompe con todos los imaginarios del turismo tradicional: Huejotzingo, el único en México que presume una construcción con apariencia de castillo medieval.
Se trata del ex convento de San Miguel Arcángel, una joya del siglo XVI que, más que un templo, parece una fortaleza. Sus muros gruesos, su traza sobria y su enorme atrio lo convierten en un escenario que transporta al visitante a otra época, donde la historia se impone sobre el paisaje.
Tras una restauración realizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el recinto alberga hoy el Museo de la Evangelización, donde se exhiben textiles, pinturas y retablos del siglo XVI que narran la llegada del cristianismo y la transformación cultural del territorio.
Caminar por sus patios y capillas posas es recorrer un capítulo vivo de la historia de México.
Llegar a Huejotzingo es más sencillo de lo que parece, incluso para una escapada de fin de semana.
En automóvil, basta tomar la carretera México–Puebla y, antes de entrar a la capital poblana, seguir la salida hacia Huejotzingo–Cholula. El trayecto incluye dos casetas:
México–San Martín Texmelucan: $165 MXN
Huejotzingo: $44 MXN
El gasto total aproximado de ida y vuelta es de $418 pesos, una opción accesible para viajar en familia.
En autobús, el viaje dura alrededor de dos horas. Desde la TAPO, hay corridas directas a Huejotzingo con precios que van de $180 a $250 pesos, dependiendo de la línea y el servicio.
Huejotzingo no se agota en su ex convento. Su Plaza de Armas, una de las más grandes del estado, está rodeada de edificios coloniales y la imponente parroquia de San Juan Bautista, también del siglo XVI.
El pueblo es además famoso por su Carnaval de Huejotzingo, uno de los más importantes de América Latina y reconocido como Patrimonio Cultural del estado, donde la historia, la pólvora y los trajes tradicionales convierten las calles en un espectáculo único.
A esto se suman las rutas gastronómicas, como la Ruta de la Sidra y la Ruta del Chile en Nogada, además de mercados donde se pueden probar carnitas, comprar artesanías textiles, cerámica y artículos de cuero hechos a mano.
Las calles empedradas del centro histórico, los templos escondidos y los atardeceres que tiñen de naranja los muros de piedra terminan por confirmar que Huejotzingo no es solo un destino: es una experiencia que conecta pasado y presente.