01/13/2026 07:19:00 a. m.
En una esquina donde el tiempo parecía detenido, vuelve a escucharse un sonido que muchos creían extinto: el tono de una llamada desde una cabina telefónica. No es nostalgia ni una escenografía retro.
Mientras países como España decidieron jubilar definitivamente las cabinas por abandono o vandalismo, en México ocurre lo contrario. En comunidades donde la señal no siempre llega y el teléfono inteligente sigue siendo un lujo, estos aparatos resurgen como un puente entre generaciones y realidades desconectadas.
La iniciativa es impulsada por CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos, la empresa pública que desde febrero de 2024 comenzó a desplegar un proyecto con un objetivo claro: reducir la brecha digital y garantizar el derecho a la comunicación.
Pero estas no son las cabinas del pasado. Ya no funcionan con monedas ni tarjetas. Hoy permiten realizar llamadas gratuitas, acceder a internet y comunicarse incluso con el extranjero, incluyendo Estados Unidos y Canadá.
Todo esto es posible gracias a convenios con autoridades locales que facilitan su instalación en puntos estratégicos de comunidades rurales.
El proyecto está diseñado para atender a personas afectadas por la brecha generacional o digital: adultos mayores, habitantes de zonas rurales y ciudadanos que no cuentan con un teléfono inteligente o no están familiarizados con el uso de aplicaciones y redes sociales.
En un país que aún conserva miles de antiguas casetas telefónicas, el regreso de estas estructuras no representa un retroceso, sino una respuesta práctica a una realidad que persiste: no todos viven conectados, ni todos pueden hacerlo.
El debate no ha tardado en surgir. Algunos ven el regreso de las cabinas como una contradicción en tiempos de hiperconectividad. Otros, como una solución necesaria. Lo cierto es que, en estas comunidades, una llamada puede significar contacto con un familiar, acceso a ayuda o simplemente la certeza de no estar aislado.
Así, México decide ir a contracorriente y demuestra que, a veces, mirar al pasado puede ser la clave para resolver problemas del presente. Porque mientras el mundo avanza a toda velocidad, hay lugares donde lo urgente sigue siendo algo tan básico como poder levantar el teléfono... y ser escuchado.