Fuerza Divina: El sacerdote luchador de Azcapotzalco que aleja a los jóvenes de las drogas

01/09/2026 05:57:00 p. m.

En la Parroquia de Santa Lucía, la fe se predica de una manera muy original. Aquí, un sacerdote ha decidido cambiar la sotana por la máscara para convertirse en "Fuerza Divina", un luchador que sube al ring para inspirar a los jóvenes y alejarlos de las drogas.

Aunque desde niño sentía fascinación por la lucha libre, sus padres no lo apoyaban debido a la rudeza del deporte; sin embargo, su camino cambió cuando, siendo diácono, conoció al legendario sacerdote-luchador Fray Tormenta.

"La cosquilla inició a temprana edad, pero mis padres no me apoyaron en este deporte tan rudo. Pero Dios tenía algo para mí y, una vez que conocí al padre Tormenta cuando yo era diácono, me invitó a entrenar y me gustó muchísimo".


La batalla del bien contra el mal

De acuerdo a lo dicho por el mencionado servidor de Dios, el cuadrilátero es un reflejo de la vida diaria, ya que hay obstáculos y caídas, pero siempre existe la oportunidad de levantarse.

"Estar arriba del ring va más allá de una lucha, ahí se muestra el esfuerzo, trabajo, el compromiso por alcanzar una meta, incluso un crecimiento espiritual y humano. Es luchar por lo que quieres, levantarte como lo hizo Jesús más de una vez con la cruz".

 

Un sacerdote "chido" para los jóvenes

Gracias a la máscara y las llaves en el ring, Fuerza Divina ha logrado ganarse la confianza de la comunidad, especialmente de los más chicos, quienes lo ven como un guía cercano.

"Mediante la lucha libre he podido evangelizar a más personas, generar empatía y cercanía con niños y jóvenes porque me consideran ´chido´.

Fuerza Divina forma parte de un pequeño pero significativo grupo de sacerdotes que luchan, herencia iniciada por Fray Tormenta, Sergio Gutiérrez Benítez.

Actualmente, reconoce a otros compañeros en el país como el Padre Eclesiástico en Tlacomulco y el Padre Potestad en Querétaro.


A través de su escuela de lucha en la parroquia, busca dejar una semilla en las nuevas generaciones, recordándoles siempre que la verdadera fortaleza viene de arriba:

"La vida y la fuerza humana tienen límites, podemos llegar a cansarnos o incluso a odiar lo que dijimos amar. Mi mensaje es ir a Cristo Jesús, él es el camino correcto hacia la verdad y la vida", concluyó.

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