México | 07/21/2025 09:06:00 a. m. | Adriana Ochoa
A tan solo 18 kilómetros de la capital poblana se encuentra Chipilo, un pueblo que parece detenido en el tiempo y que ofrece una experiencia cultural única. Fundado en 1882 por migrantes italianos provenientes del Véneto, este rincón de México aún conserva con orgullo su idioma, tradiciones y gastronomía europeas.
Perteneciente al municipio de San Gregorio Atzompa, Chipilo es más que un atractivo turístico: es un testimonio vivo de la migración italiana en México.
Aunque originalmente su nombre oficial era Fernández Leal, con el tiempo el uso popular impuso “Chipilo”, un término derivado del náhuatl “Chipilloc”, y así fue reconocido oficialmente en la década de los 90.
Entre sus tradiciones más representativas está “la Vècia Mantoána”, una festividad celebrada el 5 de enero, donde se quema una figura que representa a una anciana malintencionada como símbolo de renovación. También destaca la celebración de Pascua con el juego tradicional del “Rigoletto”, y las bochas, un juego italiano que aún practican los adultos mayores.
Los visitantes pueden disfrutar de una oferta cultural y gastronómica única. Entre los puntos imperdibles se encuentran:
Monte Grapa, con vistas panorámicas y aire de los Alpes.
La Parroquia de la Inmaculada Concepción.
La Casa Italia, espacio cultural y de historia.
Restaurantes que ofrecen desde polenta hasta quesos artesanales y embutidos típicos.
Chipilo es también famoso por su producción de muebles rústicos, lácteos como requesón, mantequilla y crema, y quesos como el “vècio”, una receta tradicional traída desde Italia.
Desde 1982, Chipilo está hermanado con Segusino, en la provincia de Treviso, lo que ha permitido intercambios culturales y educativos. Incluso se creó un plantel del Conalep especializado en procesos alimentarios, producto de esta colaboración.
Cada 7 de octubre, la comunidad conmemora su fundación con el Festival Aniversario de Chipilo de Francisco Javier Mina, una celebración que mezcla orgullo, historia y cultura italiana con identidad mexicana.
Chipilo no es solo un destino turístico; es una comunidad que ha resistido al paso del tiempo sin perder su esencia. Entre el olor a queso curado, los sonidos del véneto y la calidez de su gente, este pueblo es un ejemplo de cómo la migración puede enriquecer la identidad de un país.