Internacional | 07/10/2025 12:01:00 a. m. | Ingrid Mateos
La Iglesia Católica celebra el santoral del 10 de julio para recordar a cuatro mujeres quienes no renunciaron a su fe pese a las dificultades de la vida.
El portal del Vaticano revela que hoy jueves 10 de julio se conmemora la memoria de Santa Anatolia y Santa Victoria, Santa Rufina y Santa Segunda, jóvenes quienes hicieron un voto de castidad para dedicar su vida a Cristo.
Anatolia y Victoria nacieron en familias aristocráticas, en una época en donde la persecución contra los cristianos era algo común, bajo el mandato del emperador Decio.
Según el portal del Vaticano, ambas jóvenes hicieron un voto de virginidad para dedicar u vida a Cristo, sin embargo, sus familias decidieron matrimonios con pretendientes paganos, lo que las llevo a rechazarlos porque preferían su compromiso con Dios.
Los hombres que las pretendían se frustraron por su negativa e incluso entregaron sus propiedades a Anatolia y Victoria, para convencerlas de su amor, pero nada fue suficiente.
Fueron denunciadas por su fe y arrestadas en la región de la Sabina, en el centro de Italia, y fueron martirizadas por negarse a renunciar a Cristo. Se cree que Anatolia fue ejecutada en la ciudad de Thora (hoy Sant'Anatolia di Borgorose) y Victoria en Trevi nel Lazio,
Pese a su triste final, ambas mujeres son recordadas por haber sido las causantes de varios milagros,
Se dice que Santa Anatolia sanó a enfermos y sobrevivió ilesa cuando fue encerrada con una serpiente venenosa.
Por su parte, Santa Victoria realizó curaciones milagrosas y se dice que incluso ahuyentó a un dragón en los Montes Sabinos, salvando a una población entera.
La historia de Santas Rufina y Segunda fueron dos hermanas romanas que vivieron en el siglo III y que eligieron entregar su vida a Dios
Estaban comprometidas con dos hombres cristianos, pero cuando la amenaza de la persecución se hizo inminente, los jóvenes renegaron de su fe para salvar sus vidas.
Rufina y Segunda, en cambio, reafirmaron su compromiso con Cristo y consagraron su virginidad a Dios.
La decisión de las hermanas no fue bien recibida por sus antiguos prometidos y temerosos por su seguridad, las delataron ante las autoridades romanas.
Capturadas y presionadas para que abandonaran su fe, Rufina y Segunda se negaron a apostatar, lo que las llevo a que fueran torturadas y, finalmente, martirizadas alrededor del año 260 d.C., probablemente bajo el emperador Valeriano.