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«Nos salvó un ángel, pero no se sabe de él»: Sobreviviente del camionazo de Elota

Tras romper el cristal, salieron cinco personas, entre ellas José Alfredo; después comenzaron a amotinarse y se amontonaron para poder salir del camión.

Ernesto Torres
01/02/24

«Nos salvó un ángel, pero no se sabe de él»: Sobreviviente del camionazo de Elota

FOTO: Ernesto Torres.

Un ángel salvó a los sobrevivientes del camión 502 de los autotransportes del Norte de Sinaloa que chocó contra un tráiler en la maxipista la mañana del pasado martes, 30 de enero, cerca de Elota, se trata de un hombre, originario de Guadalajara, y que venía aparentemente a Los Mochis a comprar un carro para venderlo, pero luego de salir del camión, se alejó y se esfumó, actualmente nadie sabe de quién se trata. 

José Alfredo Jiménez Baez, es un joven originario de Oaxaca y que radica en Estación Naranjo, narra que el pasado domingo viajó a Guadalajara de compras y el lunes a las 20:00 horas tomó el camión de regreso, pero en Zapopan se poncho y se demoró un tiempo, lo que provocó que el chofer condujera a contrarreloj.

Él venía dormido, pero despertó en tres ocasiones; a las 2:00 que desconectó su teléfono del tomacorriente, poco después en Escuinapa, en donde subió un grupo de cuatro jóvenes que venían a Los Mochis, originarios de El Carrizo. Y la tercera fue con el impacto.

José Alfredo viajaba en el asiento 21, justo del lado en donde comenzó el incendio.

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De lo que recuerda claro, es que cuando «frenó en seco el chofer», ahí despertó y por instinto se agarró del asiento y se protegió de la cabeza, después en cuestión de segundos vinieron las llamas y comenzó el caos dentro del camión.

El sobreviviente ya había vivido un camionazo, y eso le ayudó a mantener en un principio la calma, pero segundos después, cuando el camión se llenó de humo y algunos comenzaron a sentir las llamas, el camión era solo un grito donde pedían auxilio, se oían lamentos y gritos de dolor. 

Fue ahí cuando recuerda «el ángel», como le llama, con ayuda de Jesús Enrique Espinoza Pacheco de Mocorito, lograron romper el vidrio y de este modo salieron cinco, entre ellos José Alfredo.

Luego, dice recordar varios minutos de impotencia, de no poder acercarse para ayudar a quienes no lograron salir con vida del camión 502.

«En el camión que veníamos tenía una película de polarizado muy grueso que no podían romperse los cristales, de hecho los camaradas que recién se habían subido traían desarmadores y no se rompía y era desarmadores grandes. Fue hasta que el señor del que no se cuenta que es de Guadalajara, reaccionó, buscó el martillo y le dio con eso y con patadas, y el señor de Mocorito rompieron y salieron primero, después nosotros tres que entre ellos iba yo y el resto de la gente, pero después se amotinaron, se jalaron unos a otros y se amontonaron, y fue que ya no pudieron salir con la desesperación».

Narra que después miró a los choferes del camión, en particular al que operaba en ese momento el autobús, un joven de unos 25 años. Lo enfrentó y le reclamó por qué no frenó, por qué conducía tan recio, pero que el chofer bajó la cabeza y se retiró de ese sitio. Luego miró al chofer del tráiler, quien solo le respondió que recién se había volcado. 

«Cuando me bajé yo (del autobús) todavía estaba el chofer del tráiler y se estaban haciendo preguntas entre choferes y les pregunté qué pasó, y el del tráiler dijo que volcó, y nadie lo había reportado porque tenía minutos que había volcado y este chavalo (chofer del camión), no venía bien».

¿Venía recio el autobús, a exceso de velocidad?

«Venía dormido, pero en los tramos en los que me desperté sí iba recio. Y yo le dije al muchacho que venía manejando… oye no lo viste o qué pasó, por qué no frenaste…

¿Le reclamaste?

«Sí, en pocas palabras le dije, no estabas viendo, y en ese momento se aguitó conmigo y se alejó para el otro lado de la carretera».

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Narra que aún cuando el camión se incendiaba y ellos estaban ahí algunos tirados con lesiones, nadie se detuvo, nadie los ayudó. Fue hasta más de una hora después cuando llegó una patrulla de la Guardia Nacional, tiempo que sintió eterno mientras escuchaban los últimos gritos de las víctimas. 

Y es que aún cuando intentó buscar a los pasajeros con los que platicó poco antes, y que estaban sentados cerca de su asiento, no los encontró y lamentablemente que ni uno pudo salir con vida.

Con la voz entrecortada, José Alfredo relata que si no hubiera ido el hombre al que le llama «un ángel», quizá la tragedia fuera mayor y él tampoco habría sobrevivido.

¿Y el señor que mencionas se fue o qué pasó con él?

«La última vez que yo lo vi, se fue a una colina que estaba ahí, y se fue, ya no supe de él, me dijo que iba a pedir raite para regresarse a Guadalajara, no estaba en condiciones de buscar un carro, manejar y regresarse, porque iba a Los Mochis a comprar un carro y desapareció. Imagínese, yo siento que se fue el ángel que nos salvó, porque si esa persona no hubiera roto la ventana todos los hubieramos quedado ahí», dijo el originario de Oaxaca.

La víctima que vivió para contar el suceso, dice que muchos no lograron salir del camión porque buscaban sus pertenencias entre la oscuridad y el desastre que dejó la tragedia, y que ahí perdieron tiempo. 

Tras el accidente le marcó a un tío paterno, quien fue por él hasta el lugar del accidente y aunque tras una revisión médica por su cuenta confirmó que no tiene lesiones internas, las secuelas psicológicas de la tragedia lo persiguen, al grado no ha podido dormir.

Y ahora solo se pregunta cómo pasó la tragedia, cómo se salvó y le da gracias a Dios una nueva oportunidad para vivir.

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