México, más allá de la muerte (parte 17)

Una muerte, un ser que muere nos implica; es un acontecimiento al que estamos ligados. Así lo concibió el conocido poeta John Donne (1572-1631), clérigo anglicano inglés. Sus escritos abarcaron poesías, meditaciones en prosa y sermones.  Es considerado uno de los más importantes poetas metafísicos, -por su puntual razonamiento lógico-. Las experiencias familiares marcaron su obra en los temas sobre la muerte.

"No envíes nunca a preguntar por quien doblan las campanas, doblan por ti". La relevante frase está en "Devociones", uno de los textos más famosos de Donne, publicado en 1624.

«Ningún hombre es una isla, completa en sí misma; cada hombre es un trozo del continente, una parte del todo; si un terrón fuese arrastrado por el mar (y Europa es el más pequeño) sería lo mismo que si fuese un promontorio, que si fuese una finca de tus amigos o una tuya; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo estoy involucrado en la humanidad; en consecuencia, no envíes nunca a preguntar por quién doblan las campanas, doblan por ti» (Meditación XVII: Nunc lento sonitu dictunt, Morieris).

El camino a la eternidad está adherido a las voces humanas, no hay vacío para la eternidad, lo llena la realidad de los sentimientos y las ideas que se proyectan hacia el más allá. Voces humanas, voces divinas, pensamientos sublimes hechos poesía.

En los Santos Sonetos. Donne deja su testimonio vivido y sufrido, y a la vez lo convierte en una selecta proclama, humana y vital, con certezas que perduran en el tiempo.

«Muerte, no te envanezcas aunque te hayan llamado poderosa y terrible; pues tú no eres así, ya que aquellos que crees por tu fuerza abatidos,

no mueren, pobre muerte, ni a mi puedes matarme. 

Del descanso y el sueño, que son imagen tuya, fluye mucho placer; entonces mucho más de ti ha de venir, y muy pronto nuestros hombres mejores van contigo, descanso de sus huesos, libertad de sus almas. 

Esclava eres del destino, del azar, de reyes y desesperados, moras con el veneno, con la guerra y los males, también puede la amapola y la magia dormirnos, y mejor que tu golpe; ¿y por qué te envaneces?

Pasado un breve sueño despertamos eternos,

y ya no habrá más muerte, tu morirás, oh muerte»

En el sermón del Duelo por la Muerte - Donne exalta la condición divina de la vida eterna:

"Es nuestro Dios soberano quien determina la instancia de nuestra muerte, estamos diciendo que, habiendo el Señor fusionado y entretejido su doble naturaleza en una sola y tras encarnarse en hombre al descender a la tierra, no tuvo otra forma de redimirnos ni otra forma de dejar este mundo y retomar a su gloria precedente que con su muerte. Y es en este último sentido que este exitus mortis, esta instancia de la muerte, es una liberatio per mortem, una redención por la muerte, por la muerte de este Dios, nuestro Señor Jesucristo...esa instancia de nuestra muerte será de todas formas el ingreso en la vida eterna".

El reconocimiento pleno de los individuos: de la muerte a la eternidad; a la consagración de la vida sagrada.

¡Vamos sin reproches conscientes de lo que somos! pareciera decir la voz terrestre, cuando llegue la hora de tomar el camino sin retorno. ¡Que se alce la voz¡ ¡Que se escuche! Lo importante de la continuidad en el más allá, es la manera de perdurar, de tener plenitud para incentivar la creatividad y con miras a realizaciones.

Continuará...


Más de Alger Uriarte Zazueta