Elecciones: los prestanombres

En el proceso electoral del pasado domingo 6 de junio, se vivió un hecho histórico en materia política. Algo, hasta ese día, nunca visto.

Es decir, una confrontación política entre Partidos políticos, en cuyo caso prácticamente se dejó en segundo plano a los mismos candidatos, aunque ante el mundo exterior, fueron éstos los que le pusieron el cascabel al gato.

Alguien podría decir que nada extraordinario suscribimos al comentar que acabamos de vivir una elección donde la confrontación fue entre los partidos políticos. Siempre ha sido así, agregarían con justa razón.

Y en efecto, nada relevante estaríamos señalando, si no fuera porque en estas elecciones los candidatos a los distintos cargos de elección popular, quizá sin darse cuenta, pasaron a segundo término en materia  de importancia para los electores.

Y es que, innegable es que los abanderados a los cargos de elección popular sólo hicieron las veces de los actores de la comedia política, aunque en la realidad las que verdaderamente estaban en competencia eran las MARCAS POLÍTICAS.

Es posible que, a simple vista, el análisis pareciera ser descabellado; sin embargo, estoy seguro que no somos pocos los que pudiéramos coincidir en ésta apreciación.

Así lo piensan algunos analistas. Y así lo percibo desde mi perspectiva personal.

Y es que, en estas elecciones, se hizo evidente  que la lucha por la conquista y control del voto ciudadano, se dio entre MARCAS POLÍTICAS, más que entre candidatos.

Basado en la observancia de los hechos registrados, me permito pensar que en efecto, no se trató de una contienda electoral de hombre contra hombre y tampoco de hombre contra mujer, aunque en los hechos así nos pareciera.

Es evidente de tal manera, que, tal y como antes lo señalé, el pleito electoral fue de MARCA contra MARCA. Es decir, MORENA y sus marcas aliadas, contra el PRI y las suyas propias.

Ambas midiendo sus fuerzas políticas, económicas y tratando de recibir y capitalizar el respaldo de los poderes fácticos.

Y en esa historia, escrita hace apenas un par de días, como se sabe, MORENA se llevó las guirnaldas de oliva y el PRI un sepulcro para ellos de honor.

Pero, que el aroma al laurel de la victoria no impregne y menos impacte en el ánimo ni comportamiento de los triunfadores.

Y que tampoco el mareo impertinente del poder que suele imperar y apersonarse en el ánimo de los que levantan la bandera del triunfo electoral los afecte.

Para los candidatos ganadores, va entonces la indispensable recomendación, para que asuman una buena dosis de modestia, y para que, en un acto de verdadera autocrítica, reconozcan que no fue su personalidad, su carisma, su buen discurso, ni siquiera sus propuestas, las que motivaron a los electores a entregarles su voto.

Triste quizá resulte para ellos saberlo y asimilarlo, pero la realidad es que en gran medida, su triunfo se lo deben a su MARCA... Léase la palabra con sus seis letras: MORENA. Ellos prácticamente fungieron como "prestanombres" de su partido.

Estoy seguro que la lectura para éste análisis es clara y bien fundamentada, y solo bastaría con ilustrar un pequeño ejercicio, para así corroborar mi teoría.

¿Un pequeño ejercicio?... Sí, y consistiría en algo tan sencillo, como recurrir a un simple acto imaginario, en donde las ofertas políticas se invirtieran.

UN EJEMPLO: ¿qué pasaría, si para la Presidencia municipal de Culiacán el candidato de MORENA-PAS hubiera sido Faustino Hernández y la alianza del PRI-PAN-PRD hubiera lanzado a Jesús Estrada Ferreiro?

Si ante la hipotética pregunta usted me responde que en tal caso, el ganador habría sido Faustino Hernández, yo simplemente le diría que coincido totalmente con usted, pero también, que usted, con su apreciación coincide conmigo y da por válida mi teoría de que, lo que influyó en los resultados de las pasadas elecciones, fueron las MARCAS y no los candidatos.

Incluso, estoy convencido que el ejemplo de Faustino Hernández y Jesús Estrada Ferreiro, podría ser replicado en el resto de los municipios de Sinaloa, con los mismos resultados.

La conclusión es que en Sinaloa, MORENA ganó la batalla política, y es posible pensar que el triunfo electoral lo habría logrado con cualquier persona ajena a la que hoy fungió como su candidata o candidato.

Y en el mismo tenor, entenderemos que los que hoy se subieron al llamado carro completo, no irían gritando porras, ni lanzando sus sombreros al aire, si las "mulas" que jalan el simbólico carretón no fueran "MORENAS".

Ante tan elocuente ilustración, creo que los candidatos hoy virtualmente electos, están obligados a reconocer, que no fue precisamente su brillo personal el elemento que le dio luz a la ruta de su victoria política.

Tienen que entender que prácticamente rentaron su identidad personal al Partido MORENA para que fuera esa marca política la que a su nombre disputara y conquistara los espacios de gobierno en juego.

Y señalamos lo anterior sabedores de que el poder marea, y muchas veces se convierte en una especie de enfermedad cuyos primeros síntomas son la prepotencia, la soberbia, y una arrogancia que solo provocaría el desdén de quienes se mueven en su entorno social y político.

El propio Rubén Rocha Moya, en su calidad de candidato electo a gobernador de Sinaloa, nos lo comentó durante una entrevista exclusiva con quienes integramos la mesa de análisis del noticiero radiofónico "Luz Noticias" que dirige nuestro amigo y colega Víctor Torres.

Ahí en la cabina de transmisiones de STEREO UNO Culiacán, el virtual gobernador electo nos dijo de manera puntual, que no permitirá ningún tipo de acto de prepotencia o revanchismo político de parte de su equipo de apoyo para con quienes no coincidieron en la reciente justa democrática.

"El proceso electoral ya se acabó, por lo que hoy es momento de la unidad, la conciliación y los afectos", nos dijo.

"Creo, que hoy todos los sinaloenses, debemos unir esfuerzos y criterios, ya que esa es la mejor manera de trabajar por el desarrollo de nuestro querido Estado de Sinaloa", nos expresó Rubén Rocha Moya el pasado lunes 6 de junio... Así o más claro.


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