Elecciones, la hora de la verdad

El tiempo, ese ente invisible que nunca, nada, ni nadie podrá vencer, cierra este domingo 6 de junio con su inexorable voluntad, un nuevo ciclo de la vida política nacional.

Se cumple entonces la fecha fatal para la celebración de la jornada electoral, a ocurrir en 15 estados de la República Mexicana, en donde se incluye, desde luego, a nuestro estado de Sinaloa.

Se eligen nuevos gobernadores, alcaldes, diputados locales y federales, y en Sinaloa, una nueva página de nuestra historia política está por escribirse.

Se llega a una elección en un clima exacerbado, provocado por una pugna, ya no sólo de carácter político, sino igualmente marcado por intereses socioeconómicos, educativos y culturales.

La conquista del poder en nuestro estado se ha tornado, para las dos fuerzas evidentemente mayoritarias, en un reto que no quiere dar pauta a la derrota. La apuesta pareciera ser: ganar o ganar.

Se podría suponer que los compromisos sustraídos por las cabezas de ambos bandos políticos con sus respectivos patrocinadores, los mantienen preocupados y ansiosos por lograr el triunfo electoral y entregar así, buenas cuentas a sus aliados y patrocinadores.

Por esa y otras razones, los analistas y expertos en materia electoral, al escudriñar en los anales de nuestra historia política, han llegado a la conclusión que estas elecciones se pueden considerar las más agresivas, reñidas y peligrosas de las últimas cuatro décadas.

Las discusiones, injurias, acusaciones, demandas judiciales, agresiones, amenazas y ataques directos entre los aliados de las dos fuerzas nos llevan a pensar en una jornada ríspida y escabrosa.

Incluso, las propias versiones expuestas por los candidatos a los distintos cargos de gobierno, lo mismo que los dirigentes de partidos políticos, activistas y militantes, dan muestra de que las cosas en Sinaloa no atraviesan por el mejor momento en materia de civilidad política; el ambiente electoral se ha enrarecido y es difícil negarlo.

A unas horas de la apertura de las urnas electorales, la alianza "VA POR SINALOA" que integran PRI-PAN y PRD, convocaron a una rueda de prensa para exigir la liberación del secretario de Organización del CDE del PRI, Alberto Salas, quien la madrugada de este domingo fue levantado de su domicilio particular por un grupo armado.

Dirigentes de los tres partidos aliados exigieron a los gobiernos estatal y federal, no sólo rescatar sano y salvo al secuestrado, sino también, se garantice una jornada electoral en absoluta paz social.

Se dice que el levantón y secuestro del funcionario priista es sólo una muestra de lo que ha ocurrido en otros municipios de Sinaloa; sin embargo, los hechos han permanecido en el anonimato, tal vez por temor a represalias.

Para quienes observan este escenario de manera más práctica y analítica, este clima de zozobra y miedo que se está sembrando en el ambiente estatal, obedece más que nada a lo reñida que se tornó la competencia por la gubernatura de Sinaloa.

Las opiniones de los analistas profesionales coinciden en que la lucha por la conquista de la gubernatura es ya sólo entre dos candidatos; el de la alianza PRIAN-PRD Mario Zamora y el candidato de MORENA-PAS, Rubén Rocha Moya.

Estas apreciaciones con las que, desde luego, coincido de manera personal, sin duda han acrecentado las confrontaciones entre los simpatizantes de uno y otro candidato.

En estas horas previas a las elecciones, ambos bandos se vigilan de manera estrecha, abierta y franca. Sus seguidores se persiguen en busca de encontrar indicios de actos ilegales, generando enfrentamientos verbales y textuales, principalmente a través de las redes sociales. Es una verdadera


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