México, más allá de la muerte (parte 10)

La muerte ha sido concebida de diferentes maneras por la creación literaria. 

El más allá concebido por Dante Alighieri, tiene como primera estación el infierno, posteriormente describe la llegada al purgatorio...

Después de superar la salida del infierno, Dante y Virgilio, en el largo camino que recorren, llegan a una playa y ven la montaña del Purgatorio. En efecto,  allí está la montaña mitológica -Ulises la encontró cuando traspasó las columnas de Hércules-.

En las orillas del Purgatorio, en la zona baja al pie del monte, Dante y Virgilio encuentran a Catón, un pagano que ha sido nombrado por Dios guardián del Antepurgatorio. Virgilio presenta Dante a Catón; al recibirlo le dice:  "Que le  sea muy grata su llegada". Allí, llegan las almas que deben esperar su penitencia. El purgatorio es el lugar donde las almas purifican sus pecados para poder aspirar al cielo: los que tuvieron una incumplida vida cristiana, retardada o deficiente, los excomulgados y los arrepentidos de forma tardía.

Muy diferente al infierno, el Purgatorio implica un esfuerzo en orientación contraria. Es un cono-montaña elevada. Las almas no se encuentran en un sufrimiento permanente. El camino conducirá siempre hacia arriba y cada nueva capa representa el ascenso gradual, niveles de superación hacia el cielo.

El Purgatorio se compone de Ante purgatorio, Purgatorio y Paraíso terrenal.

La montaña está formada en siete anillos o siete giros, en los cuales se expían los siete pecados capitales: soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula y lujuria. Al pie de la montaña se encuentra el Ante purgatorio, y en la cima el Paraíso o el Jardín del Edén. 

Cada giro tiene un custodio angélico, y precisamente los ángeles de la humildad, de la misericordia, de la mansedumbre, de la solicitud, de la justicia, de la abstinencia y de la castidad. En cada círculo del purgatorio se purifica un pecado capital.

En la playa, los dos poetas ven venir del mar un ángel que conduce una barca llena de almas, quien las trae a la montaña sagrada, -son las almas destinadas a purificarse para acceder a Ia contemplación de Dios. Las almas preguntan a Dante si sabe cómo se sube a la montaña. Se asombran de que Dante sea un cuerpo vivo.

¡Sí, Dante se encuentra vivo en cuerpo y alma en el mundo del más allá!

¿Será la muerte como en la literatura?¿Qué sorpresa puede depararnos la creación que convierte ciertas las cosas y da vida a las personas en otros mundos? ¿Habrá tantas muertes como lectores de la muerte? ¿Existirá la vida en el mundo que parece negar la continuidad de la existencia humana?

Ciertamente afloran múltiples escritos, estudios y creaciones artísticas, que son producto de la devoción, imaginación, investigación, arte y cultura que han despertado el interés y aproximado, con realizaciones exquisitas, imágenes e ideas sobre el ulterior mundo desconocido.  

¡Pero muchos abrigamos la permanencia de la esperanza!

El alcance de la vida sobre la vida. El alto en el camino o la continuación del viaje. El tiempo en el avance de la muerte, como hecho inevitable, como suceso intempestivo. El desafío de la expiración en el imaginario colectivo o en el reto de cada persona. Al  fin y al cabo la muerte tiene tiempo para dedicarse enteramente por todos. 

Con la muerte culmina la vida, es el final del proceso biológico, más no, necesariamente, de la existencia, de la trascendencia... de la visión del más allá. 

En el devenir no hay incertidumbre porque el desconocimiento es absoluto; la esperanza irrumpe en ese espacio, hay vigor en los sentimientos y creación en el más allá.  

Dante al acudir al más allá, encontró terror, sufrimiento, alegría y esperanza.

Y continúa su permanencia en el purgatorio camino al paraíso...

Continuará...


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