Mal Humor

Marcelo Ceberio, psicólogo por la Universidad de Kennedy, en Argentina, nos habla de la "Maestría en Terapia Familiar":

Después de un año de la Pandemia y con las "vacaciones" de Semana Santa a la vuelta de la esquina, los estragos del aislamiento se han hecho presentes. Mal humor, fastidio, hastío, hartazgo y emociones similares de las que se desprenden las caras enfadadas y todos los indicadores de malestar que podemos llegar a sentir.

Pero ¿qué hay detrás del mal humor?

Somos como los niños cuando NO muestran su mal humor o angustia de manera directa, sino que lo esconden tras actitudes de protesta, tristeza, enfado o agresión. A los adultos nos sucede lo mismo.

La angustia la expresamos de múltiples formas: a través del pleito, el fastidio o las somatizaciones más variadas como contracturas, dolores de estómago, dolores de cabeza, etc. No nos gusta llorar, porque creemos que es un signo de debilidad, por lo que necesitamos eludir la debilidad y mostrarnos fuertes o blindarnos canalizando esa angustia de otra manera.

El mal humor lleva a la intolerancia y la falta de paciencia con los demás nos lleva a no dejar pasar por alto ningún detalle y ninguna reacción de la otra persona. Y así es como sus actitudes pueden ser un excelente disparador de discusiones y peleas, pero también puede ser un facilitador de la catarsis para sacar los sentimientos tóxicos que nos produce este tiempo de reclusión.

El tema es ¿qué hacemos frente a estas sensaciones? En principio, entender que es un proceso natural que estamos viviendo y comprender tanto a los demás como a nosotros mismos. Saber que esto pueda sucedernos implica entender que ¡es tranquilizador sentirse normal! Aceptar el aburrimiento puede ser una base para no dejar entrar el mal humor.

Recordemos que este es un momento para aprender y para aprender hay que comunicar, decir, expresar. La comunicación es un recurso valioso que está a nuestro alcance. ¿Qué tal si convertimos el aburrimiento en ocio? Si lo disfrutamos y aprovechamos para filosofar sobre cómo queremos vivir nuestra vida, qué es lo que deseamos cambiar, con quiénes deseamos compartir nuestro tiempo y finalmente darnos cuenta de que todo está en nuestra manos. (Hasta aquí Marcelo Ceberio).

Comentario de JPR:

Lo que Ceberio encuentra es que la única manera como podemos entender la problemática que implica la vida cotidiana en pareja, es con la comprensión de que cualquier forma de angustia que yo sienta no se ubica en la mente ni en la vida del otro con quien vivo sino en la propia concepción de mí mismo.

El psicoanálisis lo sabe desde que Sigmund Freud lo descubriera en el sigo 19.

Se pretende válida en la actualidad una psicología que pretende ubicar indiscriminadamente las actitudes o las reacciones sentimentales en la mente de las demás personas, sin ver la participación de la propia mentalidad en el análisis cotidiano.

El resultado será una serie de actitudes donde el que describe no se encuentra descrito en el fenómeno, por lo que su definición resultará ser unilateral. Y una definición así resultaría ser apenas media definición.

Piénsele bien y seguiremos platicando...

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