¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!

Estamos a la puerta de la navidad y de la llegada del año nuevo. "Tempus fugit", el tiempo vuela irremediablemente, dice esta locución; así lo constataron los antiguos latinos en el reloj de la vida. Se cierra una fase más.

¡Vaya ciclo! Llegamos a él con el peso de trescientos sesenta y cinco días más sobre las espaldas, con inesperadas experiencias difíciles y la acumulación de sucesos lamentables en todo el mundo.

Llevamos un año horrible. La pandemia obliga a persistir con restricciones; a extremar precauciones. Nos queda un trecho importante en el que debemos cumplir de verdad con las medidas sanitarias. La enfermedad es un desastre en todos sentidos; la fatiga es colectiva. El hartazgo hace rato que a todos nos alcanzó, se convirtió en irresponsabilidad de muchos. Por encima de las prohibiciones están las conductas personales. Nunca es tarde para apelar al cumplimiento individual y familiar. La conciencia de cada quien, saber lo que nos circunda, cuidadosos de las intenciones hacia los demás, con las personas cercanas, a quienes amamos, es propósito principal.

El balance que deja este año es funesto, con la memoria afligida. Es un año triste. Hagamos a un lado el agobio por los anhelos no alcanzados.

Cambió el mundo y cambiamos todos... hábitos, formas de asociarse, otra manera de entender la realidad, de comunicarnos, de pensar y sentir.

A la distancia, en las sombras, vemos alguna luz; no sabemos si se asoma el final del túnel, pero sí, hay cierta claridad. Nos reaniman las noticias sobre el inicio de las vacunas. Precisamente por esa situación el comportamiento colectivo no se debe relajar. Continuar con sacrificios, apegados a los protocolos e indicaciones médicas y sociales. Juzgamos que cambiar de época es cambiar de destino; no es así, hay que ser valientes aún.

Es una Navidad diferente, extraña, lejos de las fiestas, sin reuniones grupales, en todo caso, con encuentros muy limitados; mermados los rituales decembrinos presenciales: festivales, misas, posadas, villancicos. En cambio, se refresca la conveniencia para darle otro sentido a las festividades, quizá más auténtico. Es oportunidad para el apego a la reflexión; poner a prueba el temple del corazón con su capacidad de regocijo. Discernir para lograr despertar nuestra conciencia y dar amplio campo a su vuelo en la unidad y solidaridad.

Volver a la senda original. Ocasión propicia para agradecer lo que se tiene; ratificar la estima con uno mismo y con los demás.

Recordemos que la navidad es el reencuentro de lo divino con los humanos. Un gran misterio hecho realidad. La celebración gustosa de la creación sagrada en la tierra, en el amor, con la esperanza y la felicidad.

El espíritu de la temporada alienta a renovar deseos. Es propio en los individuos forjarse expectativas. El año entrante hay que esperar con moderación. Pretender razonablemente, sin urdir ilusiones imposibles, para recibir lo humanamente posible. Dejar atrás adversidades, superar escollos, remontar la cuesta, favorecer realizaciones y propósitos por cristalizar.

Los ánimos se alegran. El despliegue de la armonía. ¡Con compartir afecto responsablemente y ser amenos, algo estaremos logrando!

¡Mejoraremos, ni duda cabe; el año entrante será mejor!

¡Con los himnos de alegría, salud y bienestar, deséole a usted y a su familia una feliz navidad y próspero año nuevo!


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