Hechos, no palabras

A punto de concluir el 2020, se percibe lo que parece ser una segunda ola de contagios por coronavirus a nivel mundial, la cual ya ha rebasado incluso en los últimos días, a países que se habían caracterizado por tener un máximo control de la pandemia como son los casos de Corea del Sur o Japón, por ejemplo, además de propiciar la reactivación del periodo de aislamiento social en varios países europeos.

México no se ha salvado de esta situación. Durante las últimas semanas, varios estados de la República han informado retrocesos en cuanto a su color de semáforo preventivo, derivado del registro estadístico de casos, de los cuales el Estado y también la Ciudad de México han activado nuevamente el color rojo, prohibiendo aquellas actividades consideradas como no esenciales.

En ese contexto, algunos de los aspirantes a cargos de elección popular han iniciado la difusión de sus discursos de promoción política rumbo al 2021, y aunque muchos de ellos han incluido ya al Covid-19 en sus agendas, han sido al mismo tiempo incapaces de respetar las medidas preventivas para su combate, tal y como lo ha solicitado el sector salud desde el día uno de esta pandemia.

Es como si los anuncios en materia de prevención de la salud no estuviesen dirigidos a los equipos prematuros de campaña, o a los partidos políticos que los impulsan; peor aún, como si se tratase de seres humanos con nulas posibilidades de contagiarse o de contagiar a quienes les rodean.

Eventos en comunidades en donde se reúnen los vecinos pero sin invitar a Susana Distancia, fotografías con agrupaciones que rebasan el mínimo de personas sugerido para evitar riesgos de contagio y que, no contentos con ello, se presumen en redes sociodigitales anteponiendo la propaganda y la imagen política por encima de la salud de sus simpatizantes.

La falta de uso de mascarillas durante los diversos eventos de registro de (pre) candidaturas con tal de salir y lucir en la foto, pues dice la teoría comunicativa que el rostro y la imagen son pieza clave para el posicionamiento y personalización de la política. Algunos justifican que solo se la retiran para la foto, pero ¿cómo saberlo? Eso no es lo que se comunica en las imágenes que constantemente ellos mismos comparten en Internet.

Pero no es un asunto solo de los pretensos. De igual forma, se siguen observando a gobernantes de los tres niveles de gobierno quienes, lejos de acatar las recomendaciones emitidas a nivel nacional por el propio equipo de trabajo del Presidente de la República, han decidido continuar sus agendas de trabajo con normalidad, sin importar el número de asistentes con los que se cuente y sin ninguna intención de transformar su dinámica.

¿Qué es lo que realmente están comunicando los actores políticos con este tipo de acciones? Pues tal parece que dicen una cosa, pero hacen otra. Dice Jeremey Donovan que aproximadamente el 90% de lo que se comunica se hace a través de comunicación no verbal, aquella que no se dice pero que sí se expresa y en la que, asegura, la sincronización de las acciones con la palabra es uno de los tres principales retos durante el proceso.

Y en un país en el que a todas luces se practica una comunicación vertical descendente y en donde predicar con el ejemplo es casi un ritual educativo incluso desde el seno familiar, sería buena idea que los liderazgos políticos contribuyeran practicando al menos las tres máximas de López Gattel: tratar de evitar las reuniones, o bien, practicar la sana distancia y el uso de cubrebocas en todo momento si no queda otro remedio.

Porque todo indica que el activismo político y, por consecuencia, electoral se seguirá llevando a cabo de manera presencial como hasta hoy se ha dejado ver. Hay quienes aseguran de manera enérgica que es impensable suspender las campañas de tierra "porque hay comunidades a las que ni de chiste les llegará la información a través de las campañas de aire y las campañas virtuales en Internet".

Bueno, lo mismo pasa con la educación, pero esa sí fueron capaces de trasladarla en su totalidad a la modalidad en línea, con todo y que "hay comunidades a las que ni de chiste les llegará la señal de Internet para sus clases" y en donde el esfuerzo de docentes y estudiantes ha sido titánico, a diferencia del de aspirantes políticos que ni un cubrebocas se pueden colocar.

Después de todo, si en su discurso aseguran buscar el bienestar ciudadano, al mismo tiempo que incumplen con las medidas sanitarias ¿realmente les importa tanto ese bienestar colectivo cuando de hecho los ponen en constante riesgo de contagio? ¿Le daría usted su apoyo a alguien que poco o nada se preocupa por su salud y la de los demás? Preguntas verbales que requieren respuestas no verbales. Hechos, no palabras.


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