Detrás de la violencia

Por más normalizada y cotidiana que sentimos la violencia, esta no es normal, porque ninguno de los que estamos nació odiando y discriminando a nadie, mucho menos al punto de tomar vidas ajenas de maneras inhumanas.

En algún punto, no sé dónde, decidimos hacernos a un lado, dejar de mejorar la historia y sólo sentarnos a esperar su decadencia, limitándonos a decir: "Se vienen tiempos difíciles".

Es por eso que ahora somos el reflejo y consecuencia de todos los temas que, por considerarse escabrosos, se echaron a la pila del silencio y la indiferencia, como el abuso infantil, el abuso sexual, la violencia de género, la desigualdad, la violencia doméstica, la ideología machista, la orientación sexual y el aborto.

Temas que, con perdón de todos, no tienen nada de nuevo o reciente, tan sólo se han empezado a llamar algunas cosas por su nombre y a analizar las consecuencias reales de ciertas formas de pensamiento.

El tema de la violencia de género, por ejemplo, se ha vuelto intocable, si se quiere mantener una conversación tranquila; porque somos incapaces de expresar y escuchar una opinión abiertamente, sin caer en discusiones, desviaciones absurdas, prejuicios y sin que alguno en la mesa, se vaya con la etiqueta de "feminazi" o "machista". Pero, de soluciones... mejor ni hablamos.

Porque mientras gran parte de nuestra sociedad siga negando la realidad desastrosa que se vive, no habrá poder ni fuerza que pueda cambiarla. El secreto de la violencia, como la corrupción, la indiferencia y muchos de nuestros males, tiene su origen en las mismas dos sencillas cosas: el ejemplo y la permisividad.

Así que, si es una cuestión de educación, pero mucha atención, que la educación no se imparte sólo en las escuelas ni es única responsabilidad de los padres, es una responsabilidad de una sociedad completa hacia cada uno de sus integrantes.

Especialmente los niños, que vienen como una esponja nueva y lista para absorber todos los conocimientos, ideales, valores y principios que tiene para aportarle la sociedad. Y es esta misma sociedad corrompida la que los está ignorando, desprotegiendo y dejando caer, porque no es capaz de vislumbrar en ellos un futuro.

Y si ahora el futuro nos parece incierto, es porque no hay acciones suficientes que nos garanticen que estamos construyendo la paz que necesitamos para vivir en armonía, sin guerra y sin injusticias, sin miedo.

Detrás de la violencia está una lista de generaciones que no han querido romper con estos paradigmas, que fueron permisivas con el odio, la intolerancia, la discriminación, las etiquetas y justificación de la violencia.

Te invito a la reflexión para que dejemos de permitir la violencia. Quizás no seas el hombre que golpea a su esposa, la mujer que maltrata a sus hijos, el que abusó de una niña, la que juzga a alguien por sus gustos, el que decide el grado de respeto que otorga según el largo de falda o quien ocasiono que la sangre corriera injustamente, pero es un hecho que la mayoría decide limitarse a ser sólo un espectador más de la violencia en sus múltiples formas, con ello, cómplice y parte de esta problemática. 

La indiferencia y el silencio, nos están pasando facturas cada vez más altas, ya es hora de hablar sin tapujos y con seriedad, todos estos temas que etiquetamos de escabrosos.

Buscando un origen más que un culpable y entendiendo a conciencia la situación antes de prejuzgar; que necesitamos menos memes, críticas y perjuicios, y más personas que estén dispuestas a romper esquemas, educar en igualdad, amor y consciencia social.

 

FB: Aracely Ceballos (Chely)

TW: @Chely_Ceballos


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