Gobierno sin política

Que la política se sitúe en el campo gubernamental, pareciera una obviedad. Sin duda, forma parte del escenario natural de su pensamiento y campo de acción. Es consustancial con el Estado y sus funciones; entre ellas, la ejecutiva, el gobierno y la dirección de los asuntos colectivos.

Se encuentra en los ámbitos más diversos de la vida de los individuos. La doctrina que se ha construido. durante siglos, sobre su objeto y alcances, tiene enfoques diversos, aunque la engloba como la actividad encaminada a la búsqueda del poder, de la representación, o de su preservación.

La política es ciencia y arte. Permite conciliar intereses en conflicto, elevar el nivel de diálogo, construir acuerdos, solucionar problemas, impulsar proyectos, emprender ideas y unificar voluntades. En el ámbito de la ley, da coherencia a su mandato para su cumplimiento. Entroniza al conjunto normativo y ubica al individuo como centro de derechos y privilegios, como fin en sí mismo

No se concibe entonces, que un gobierno olvide tan imperiosa energía para cumplir su encomienda. El despliegue del potencial político contribuye a la funcionalidad de las reglas de convivencia y gobernabilidad. Incorpora la opinión de los actores que intervienen en las arenas de poder. La política da certeza a la voluntad del Estado, para hacerla viable y efectiva.

Los gobiernos y sociedades que se precian democráticos, aseguran la oportunidad para la expresión de las ideas e intereses rivales. El pluralismo de valores debe refrendarse permanentemente.

Un gobierno alejado de la política, denota desdén o incapacidad. Es un error minimizarla; ejercerla es atributo el poder. La política está más allá de esta dimensión, por lo tanto, más allá del "derecho del Estado". 

La política es necesaria para gobernar en todo momento. Legitima al conjunto de atribuciones que, el servidor público en turno, asume con el mandato constitucional, para cumplir con apego a la ley. La amplitud metalegal de la política, posibilita al Estado desplegar los instrumentos a su alcance: diálogo, interlocución, acuerdos, realización de propósitos que acompañan el principio de autoridad, exigencia de medidas, hasta imposición de su voluntad. La gobernabilidad, sus alcances, inclusión y aciertos, pasan por la política. 

Reiteramos lo imperioso de su aplicación. Su buen ejercicio es una compleja responsabilidad. En los asuntos trascendentes de la vida pública, siempre hay lugar en la agenda, nunca agotamiento.

Algo curioso se observa en personajes del gobierno que desprecian las formas, desaparecen lo útil, y son indiferentes a los contenidos. En la actuación pública, exhiben imposible el alcance de la flor de los valores políticos y culturales. 

La política es un ejercicio continuo. No aspira a realizaciones plenas pero sí a aproximaciones. Las variedades argumentativas y discursivas son parte de la esencia de buenos gobiernos. Cuando se adoptan permanentes, con inteligencia e inclusión, cuando son bien sazonadas, le dan sentido político a la autoridad. 

Un Gobierno sin política...

Ahora, como en tiempos de la Roma decadente, hay gobernantes que se abocan en la tarea disolvente rebajando el nivel de importantes valores institucionales.

¡No les da la inteligencia para comprender el grado de su afectación, ni la capacidad de refinar su espíritu; menos aún, la dote de saber perdida la oportunidad histórica de gobernar!

¡El instinto político descifra virtudes en el ejercicio del poder!

¡Equívoco colosal prescindir de la política en la elevada responsabilidad gubernamental!


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