Cienfuegos... ¿Ofrenda política?

En nuestra vida contemporánea, a ciertos adultos, o tal vez a todos,  se nos presentan sucesos que de alguna manera nos vinculan sentimentalmente con acontecimientos vividos durante épocas ya lejanas en el tiempo.

Para fortuna de la raza humana, la naturaleza nos dotó de la invaluable capacidad de poder recordar, añorar y volver a hacer nuestros esos sucesos que los  tiempos se llevaron a cuestas, pero que precisamente por esa facultad de nuestra mente, logramos que permanezcan vigentes.

A principio de la década de los años 60s, en el pequeño pueblito de Los Capomos, municipio de Angostura, la monotonía de los días y las noches sólo era interrumpida por los ladridos de los perros, el canto de las aves silvestres, los mugidos del ganado y el aullido de los coyotes que merodeaban los corrales y gallineros de las rancherías en busca de la presa que pudiera saciar su voraz apetito.

Eran por supuesto las gallinas el platillo favorito de los coyotes, depredadores que amparados en la oscuridad de aquellas noches, lograban penetrar el cordón de vigilancia que implementaban los perros de los rancheros, para coronar con éxito los recurrentes ataques a los aviarios domésticos.

Triste es reconocerlo, pero la perrada que supuestamente eran los guardianes encargados de salvaguardar la seguridad no solo de los habitantes de los caseríos, sino también de los animales silvestres como gallinas, borregos, puercos, y cabritos que en corralitos de madera eran resguardos para su posterior venta o sacrificio, eran los primeros que corrían o se escondían al olfatear a los bravos invasores.

Era pues, evidente que los perros le temían a  los ataques de los coyotes, quizá por saberse inferiores en capacidad, fuerza, y destreza para orquestar los ataques.

Sobra decir, que para el niño que era yo en aquella época, resultaba motivo de asombro ver que hasta los perros más bravos de las casas, retrocedían sumisos al ataque de los felinos venidos del monte.

Dejaban nuestros perros a  merced de los coyotes la caza de las gallinas, cuyo plumaje esparcido por el suelo, era el único testimonio que los moradores del rancho lograban observar en las primeras horas de la mañana siguiente al ataque.

Recuerdo algunas quejas de mi abuelo, cuando  al observar los estragos de algún ataque de "la coyotada", no podía esconder su disgusto en contra de los perros del rancho, por no haberse atrevido  a enfrentar y defender con valentía a los invasores de la propiedad.

"Jodidos perros buenos pa´nada... Son muy valientes con los burros y mulas viejas, pero en cuanto ventean un coyote se surran en sus corvas", arengaba el viejo de la casa.

En México, nuestra querida patria, ocurre algo muy parecido con respecto a la ancestral relación que hemos mantenido con el gobierno vecino de los Estados Unidos de Norteamérica.

Aquí nos decimos grandes patriotas y valientes defensores de nuestra soberanía nacional, sin embargo, los gringos entran y salen, y hacen y deshacen en territorio nacional sin que nadie les diga "¡epa!" y menos les ponga un "estate quieto".

Y lo peor del caso es que lo gritan. Lo dicen Lo presumen y lo divulgan, claro, disfrazado siempre con el slogan de cooperación bilateral.

El arresto del General Salvador Cienfuegos Zepeda, quien fue Secretario de la Defensa Nacional en el gobierno de Enrique Peña Nieto, ocurrido el fin de semana pasado en el aeropuerto de Los Ángeles California, no fue por supuesto un hecho casual y menos circunstancial.

La detención la ejecutó la DEA, institución norteamericana que investiga, arresta y finca cargos judiciales en contra de quienes desarrollan actividades relacionadas con el tráfico de drogas y lavado de dinero.

Pero llaman mi atención los testimonios que ofrecieron este fin de semana dos reporteros del influyente diario The New York Times de nombre  Azam Ahmed y Alan Feuer, quienes afirman que desde hace meses la DEA investigaba a un importante personaje del gobierno mexicano identificado solo como "El Padrino", pero sin saber a ciencia cierta su identidad.

LA IDENTIFICACION DEL FAMOSO "PADRINO"

Aseguran los periodistas gringos que la identificación del General Salvador Cienfuegos se derivó de una llamada entre "narcos" que agentes de la DEA interceptaron en territorio mexicano.

Los policías de inteligencia del gobierno estadounidense, según el testimonio de los periodistas, mantenían, entre muchas más,  intervenida una línea telefónica de un miembro de un cártel mexicano, desde donde hace algunos meses captaron una conversación.

En ese diálogo telefónico interceptado, uno de los dos personajes (No identificado) comentaba que en esos momentos en un programa de televisión nacional estaba a cuadro "El Padrino".

De inmediato, los elementos de la DEA implementaron un operativo en los distintos canales de la televisión mexicana, descubriendo que el personaje que estaba en la pantalla era el General Salvador Cienfuegos Zepeda, lo que finalmente los llevó a saber la identidad del famoso "Padrino", a quien le pusieron marcaje personal hasta el día de su captura... El desenlace, lo conocemos todos.

Pero las preguntas respecto al arresto del ex Secretario de la SEDENA surgen desde todos los flancos de la vida política y social de nuestro país.

¿Por qué, independientemente de la importancia de la investigación que llevan a cabo éstas agencias de inteligencia extranjeras, lo hacen vulnerando la soberanía nacional de manera tan burda, clara y descarada?

Es evidente, los policías gringos hacen lo mismo que los coyotes de mi rancho. Es decir, se meten, atacan y se van con la presa.

¿Por qué, si la DEA ya conocía los pormenores de los presuntos delitos del General Salvador Cienfuegos y contaba con pruebas suficientes para arrestarlo y llevarlo a la corte de justicia, no lo hizo en México en coordinación con las autoridades locales?.

Salvador Cienfuegos Zepeda es un General de división, cuyo arresto sin duda le pega en el corazón a la honorabilidad, grandeza e institucionalidad del Ejército mexicano, y ello por supuesto lastima y ha molestado seriamente a los altos mandos de la milicia.

Lo muy grave de las cosas, es que haya militares de alto rango que se sienten dolidos, por entender algunos, y suponer otros, que uno de sus generales pudo haber sido entregado a un gobierno extranjero como una ofrenda para ser sacrificado y ofrecido al honor y honra de los dioses políticos de algunos poderosos de ambas naciones.

Y es que existe la creencia, no solo en las filas militares, sino entre la ciudadanía misma, que el exsecretario de la Sedena está siendo utilizado como un botín político.

Mientras tanto, sin duda seguiremos viendo como los coyotes extranjeros se siguen brincando las cercas del rancho mexicano, vulnerando nuestra soberanía y nuestra propia Constitución... ¿Esa es, y será  nuestra triste y eterna condena?...   Es pregunta.


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