Salud Emocional

José Marcos Félix-Castro nos habla con certeza de "Salud emocional y humanismo clínico", en la revista Mexicana de Pediatría.

En medio de esta pandemia, hace poco leía acerca de uno de los primeros médicos fallecidos en mi país a causa del coronavirus. No presté mucha atención en cómo lo había contraído, en los síntomas presentados o las complicaciones desarrolladas; lo que más llamó mi atención del reportaje periodístico era que se centraba en la soledad de su sepelio, ya que sólo fue acompañado por una persona, un pariente cercano. No estuvo en una sala de velación y no tuvo cortejo fúnebre. Un médico especialista en urgencias médicas contagiado, con una familia en cuarentena y con una sociedad rodeada de miedo, ansiedad y preocupación por un futuro incierto.

Por supuesto que también son de mi interés los aspectos clínicos y médicos que podamos obtener acerca de esta nueva pandemia. Pero el reportaje acerca de este médico sin un duelo completo por su familia y sus amigos, soledad originada ya sea por precaución epidemiológica o por miedo ignorante, me lleva a reflexionar cómo este tipo de eventos nos afectan y nos cambian por dentro.

En teoría, debemos aprender de las calamidades y las catástrofes humanas, sin embargo, no lo hemos hecho del todo. Existe evidencia de que aprender de las experiencias vividas puede ser limitado, incluso en situaciones de riesgo. Algunos reportes nos hacen ver que en brotes previos por coronavirus no hemos articulado de forma adecuada la vigilancia de riesgos en situaciones de emergencia. Los resultados del aprendizaje desalientan porque, al parecer, no hemos evaluado apropiadamente los riesgos sanitarios, lo que ha llevado a su propagación por factores sociales, culturales, médicos y epidemiológicos.

El personal de salud, en general, teme afrontar y compartir el propio dolor o angustia con nuestros pares o pacientes. Sentimos miedo, probablemente por desconocimiento, porque en este momento una verdad innegable es que todos tenemos terror de enfermar y contagiar, de enfermar y agravar, y por supuesto, de morir.

Pero en realidad sólo somos personas acompañando a otras personas en su proceso de enfermedad.

Humanos ayudando a otros humanos, "mientras la pierna rota se recupera". Lo único que nos protege de los agresores externos e internos somos nosotros mismos.

No lo voy a negar –en términos estadísticos– lo peor tal vez aún está por llegar, pero espero que también lo mejor. Mujeres y hombres encontraremos en ayudar a los demás un motivo más para hacer y vivir en un mundo mejor. (Hasta aquí José Marcos Félix-Castro).

Comentario de JPR:

Este es un excelente artículo que habla con toda propiedad del fenómeno humano frente a un simple fenómeno patológico que aún no encuentra remedio.

Todo el mundo está en una espera difícil de soportar mientras encuentra la vacuna contra el virus actual.

Las actitudes y respuestas humanas son tales como las enuncia Félix-Castro en su mayoría, además de algunas aberraciones minoritarias. Todas reflejan la angustia que provoca aquello desconocido o sin control, a lo que toda la humanidad está expuesta.

Al menos hasta que se encuentre una vacuna eficaz.

Piénsele bien y seguiremos platicando.

WhatsApp: 6688568565

jperezrobles@gmail.com


Más de Javier Pérez Robles