El arte de fluir

Debe sonar extraño que, un espacio dedicado a la reflexión personal venga a decirte que, a veces, no hay que pensar demasiado, sino fluir con la vida y con uno mismo, ante cualquier circunstancia.

Fluir es dejar de discutir con necios, de insistir a tercos y dejar de buscar la comprensión en indiferentes y apáticos. Dejar que las cosas te pasen en lugar de que te pesen y sacudirte todas las cargas, que te han estado hundiendo cada día un poco más.

A veces, damos demasiada importancia a circunstancias ajenas, jugándonos en contra. Como las palabras dichas por otros que no nos definen, las opiniones de quienes no nos conocen y las acciones, en las cuales tenemos el poder de permitir que nos impacten o no.

Y sí, suena fácil si lo tomas por el lado en el que decides que ya nada te importe, pero fluir no es ser indiferente a lo que se vive; no es que todo te valga, sino que poco te influya.

Piensa en esas situaciones, en las que por más que expliques, que hagas, que llores, que grites o que te comportes, obtienes el mismo resultado: Una crítica destructiva, un comentario desatinado, una burla, que te minimicen o simplemente el mismo trato desafortunado, de quienes no nos miran tal cual somos y estamos.

Fluir, entonces, puede convertirse en todo un reto; porque para muchos, no es la opinión ni las acciones de desconocidos lo que suele molestarlos, sino la de su familia, amigos, equipo y compañeros de trabajo.

Por eso, para dominar el arte de fluir, debemos aceptar que muchas cosas no dependen de nosotros, que las personas cambian cuando deciden hacerlo y no cuando les hayamos insistido un par de miles de veces. Aun así, hay algo que, siempre puedes cambiar, y es la actitud con la que decides estar en el mundo, al igual que, la forma en que lo percibes.

Algunos, adoptan una actitud en la que quieren tener el control de todo y acaban sin fuerzas, sin ganas y sin brillo en este vano intento, porque así es, somos simples mortales.

Mientras que otros, adoptan la actitud en la que dejan que la vida fluya y fluye tanto, que esta acaba por sentirse como tren que les pasó por encima, dejándolos destrozados y desorientados; porque en ningún punto tomaron las riendas, nunca fueron conscientes de lo permitían que entrara y saliera de sus vidas o de la importancia que dieron a lo que vivieron.

Por eso, hoy no te invito a que dejes que la vida fluya, sino a que seas tú mismo fluyendo con la vida. La paz mental exige este coraje…

De soltar para fluir.

De fluir para avanzar.

Fluye.

FB: Aracely Ceballos (Chely)

TW: @Chely_Ceballos


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