¿Cuánto cuesta una gubernatura?

La simpatía del votante por la oferta política no llega de la nada, es como un concurso de belleza, hay que conocer las candidatas.

Los políticos que buscan el timón de su estado, además de cumplir con los requisitos que señala la ley para ser electos, deben "comprar" la voluntad de los electores.

La forma de comprar la voluntad depende de la conjugación de distintos factores o cualidades del candidato: presencia física, elocuencia en su discurso, antecedentes en el servicio público, capacidad de mediación y negociación, historia personal, empatía emocional... sobre todo, debe representar la esperanza de una mejora social.

Los candidatos pueden tener muchas virtudes, cumplir con todos los requisitos establecidos por la ley para gobernar su estado; sin embargo, por más inteligentes y por más dinero que tengan, si no tienen credibilidad, no tienen nada.

¿Por qué se llenan algunas iglesias? Porque la gente cree en algo o en alguien, porque ese algo o alguien llena su necesidad y porque la fe y la esperanza, aún con sus subjetividades, siguen siendo el motor de la conducta y las decisiones.

Si la gente no cree en el discurso del candidato, por más técnico y científico que sea, se quedará en el camino, la gente reclama o busca una sola cosa, "estar mejor", estar mejor se resume en tres cosas: seguridad, salud y economía.

Hay decenas de temas importantes cuando de comprar una gubernatura se trata, pero lo urgente es la conjugación de credibilidad con resultados, ninguna estrategia funciona si no llena el vacío de incredulidad de los electores, se puede tirar dinero en dispendios de todo tipo, llenar los hogares con regalos, despensas, y promesas, pero si el candidato no logra convencer, la venta no se concreta.

Convencer a la mayoría de los que votan es la única tarea del aspirante a gobernar, no se puede convencer al cliente que compre la soga con la que lo van ahorcar, por eso, hay que conocer las carencias propias de un territorio diferente a los demás, y la forma de pensar de una sociedad cansadas de promesas.

La vía de entrada a la conciencia de los demás es un precio que se paga con el desprecio, o la aceptación.